Sé lo que es Ser Adolescente

SÉ LO QUE ES SER ADOLESCENTE

Este artículo no es para ti, es para tu hijo/a si es adolescente. ¿Podrías llamarle o imprimirle estas páginas para que las lea? ¡Gracias!

Hola amigo/a. ¿Eres adolescente? Pues estas líneas son para ti. Quiero agradecerte el tiempo y esfuerzo que te supone leer esto. Ya sé que tienes millones de cosas mucho más interesantes que hacer ahora mismo. Aún y así, me gustaría pedirte unos minutos de tu vida para transmitirte algunas ideas que podrían interesarte.

Sé que tu vida es bastante frustrante en muchas ocasiones. Recibes presiones de tus padres, de tus profesores/as y, en general, de todas las personas adultas que tienes alrededor: que si hagas los deberes, que si estudies para el examen, que si recojas tu cuarto, que si no dejes la ropa tirada por ahí, que si no me hables así… Un rollo, lo sé, pero es que como le dijo Jeor Mormont a Jon Snow en Juego de Tronos: <<para poder dar órdenes, primero hay que aprender a recibirlas>>. Es así de sencillo.

La cuestión es que tu vida está llena de personas adultas que te dicen lo que tienes que hacer. Pero tu mente te ordena que hagas justo lo contrario. Lo que pasa en realidad es que “los mayores” saben que estás en una etapa de crecimiento (de evolución) y, aunque te parezca increíble, buscan lo mejor para ti. Sí, sí, lo sé, eso es lo que te dice todo el mundo. Lo que no te dice todo el mundo es que no siempre necesitas que te digan lo que debes hacer todo el rato, igual con un poco más de espacio vital harías las cosas de otra manera… ¿Quién sabe?

Lo que sí sé seguro es que la mayoría de personas adultas ven la adolescencia como una etapa convulsa, como una bomba que está a punto de explotar en cualquier momento. Y lo piensan porque se les ha olvidado lo que significa ser adolescente. Sin embargo, para mí adolescencia significa OPORTUNIDAD.

Hasta hace poco eras un/a niño/a, pero ya no. Estás cambiando y toda esa marabunta de cambios internos y externos hacen que a veces te cueste comprender el mundo. Insisto, la adolescencia es la oportunidad que te da la vida de convertirte en una persona adulta que tú quieras ser.

Es como la transformación que sufre un gusano cuando quiere convertirse en mariposa, aunque primero debe pasar un tiempo metido en su capullo. ¡Tranquilo/a! No te estoy llamando ni gusano ni capullo. Lo que digo es que estás en esa etapa en la que quieres convertirte en mariposa, un ser lleno de color y que puede volar por sí mismo/a. Eso es lo que significa transformarse en adulto/a y tú, querido/a amigo/a, estás justo en esa etapa. Pero para llegar hasta la vida adulta debes pasar por un montón de transformaciones, tanto físicas como mentales.

Por eso, me permito darte algunos trucos para hacer ese camino más amable. La primera recomendación es que empieces a aceptar la transformación, porque no tienes otra opción. La vida no hay quien la pare y el tiempo no espera a nadie. Cambiar es tan inevitable como que la lluvia caiga hacia abajo.

Por ello, sé que a veces sientes que nadie te entiende y otras veces, aunque te entiendan, te tratan como si todavía fueras un/a niño/a, lo cual te enfada muchísimo. Por eso y porque aprecio la etapa adolescente como la más importante de un ser humano, me gustaría darte algunos consejos más si tienes a bien aceptarlos.

La segunda recomendación es que te lleves lo mejor posible con los adultos que te rodean, aunque no siempre te apetezca. Sé que es un rollo, pero créeme cuando te digo que por ahora es la mejor manera de caminar por la vida. Insisto, para poder dar órdenes, primero hay que aprender a recibirlas.

Vamos a centrarnos en tu familia. ¿Por qué es bueno que escuches (fíjate que sólo digo “escuchar”) lo que te dicen tus padres? Es simple, porque ellos ya pasaron por ahí y porque actúan desde el amor incondicional que sienten por ti. Siempre con la mejor de las intenciones, aunque a veces comentan errores. Tus padres son más viejos y sabios que tú, lo que les da la capacidad de tomar decisiones más acertadas. Por otro lado, son menos entusiastas y divertidos. Por eso, toma en cuenta su opinión para las cosas importantes y para las que no, haz lo que creas mejor para ti.

Sea como sea, voy a contarte a qué tienes derecho dentro de casa (y fuera de ella):

  • Tienes derecho a tomar tus propias decisiones, incluso cuando a la larga resulten equivocadas.
  • Tienes derecho, por lo tanto, a cometer errores.
  • Tienes derecho a expresar tu opinión respetuosamente.
  • Tienes derecho a ser un poco rebelde, siempre que ello no implique hacer daño a quienes están a tu alrededor.
  • Tienes derecho a pedir con educación aquello que consideres que en justicia te pertenece.
  • Tienes derecho a tener tiempo libre.
  • Tienes derecho a tener un carácter entusiasta, divertido, espontáneo y sincero.
  • Tienes derecho a decidir lo que quieres estudiar y a lo que te quieres dedicar en el futuro.
  • Tienes derecho a elegir a tus amigos/as.
  • Tienes derecho a elegir tu religión, tus creencias más profundas, o a ser una persona atea.
  • Tienes derecho a cambiar de opinión.
  • Tienes derecho a elegir tu sexualidad, sea cual sea.
  • Tienes derecho a recibir una educación.
  • Tienes derecho a que tus necesidades básicas estén cubiertas.
  • Tienes derecho a intentar cambiar el mundo siguiendo tus convicciones.
  • Y tienes derecho, sobre todo, a ser tú mismo/a.

¡Fíjate todos los derechos que tienes! Aprovéchalos bien. Y aquí viene mi tercera recomendación: que nadie venga a contarte que no tienes esos derechos, porque los tienes, son tuyos.

Por otro lado, la cuarta recomendación es que a la misma vez que tienes claros aquellos derechos, resulta igual de importante saber a qué no tienes derecho:

  • No tienes derecho a maltratar a tus padres, hermanos/as, amigos/as o cualquier persona que esté cerca de ti, ni física ni psicológicamente.
  • No tienes derecho a exigir de malas maneras.
  • No tienes derecho a expresarte gritando o insultando.
  • No tienes derecho a golpear a nadie.
  • No tienes derecho a desobedecer sistemáticamente (es decir, siempre) a tus padres y profesores/as.
  • No tienes derecho a comportarte como un/a cochino/a en casa, ni fuera de ésta.
  • No tienes derecho a saltarte las normas a la torera.
  • No tienes derecho a no colaborar en casa con aquello que se te pida educadamente.
  • No tienes derecho a pedir, pedir, pedir… Sin ofrecer nada a cambio.
  • No tienes derecho a creerte mejor que nadie. No eres menos que nadie, pero tampoco eres más.
  • No tienes derecho a exigirle a nadie que entienda tu punto de vista.
  • Y no tienes derecho, sobre todo, a pedirle a nadie que sea como tú eres o como te gustaría que fuera.

Tener en cuenta tus derechos y tus <<no derechos>> reducirá drásticamente la probabilidad de que cometas errores que luego juzgarás como estúpidos.

Con todo, la quinta recomendación: trabaja para labrarte un buen futuro. Tu padre y tu madre trabajan dentro y fuera de casa. Trabajan duramente para que a ti no te falte de nada. ¿Cuál es tu trabajo, entonces? Estudiar. Métetelo en la cabeza. Para poder ser esa mariposa que vuela libre e independiente, primero has de cumplir el trabajo más importante de tu vida: adquirir una profesión. No te estoy diciendo que saques dieces, que seas el/la primero/a de la clase, ni que vayas a la universidad si no lo deseas. Te estoy invitando a que te labres un futuro.

Por lo tanto, sexta recomendación: sigue tu corazón y realiza aquello que te guste. No lo que los demás quieren que seas, no lo que te dicen que tiene más salida, no lo que los demás esperan de ti… Haz sólo lo que te haga sentir un cosquilleo en la boca del estómago. Y para ello no hay mejor manera que estudiando aquella profesión que más te guste. Lo que sea, seguramente tus padres pongan todo lo que está en su mano para ayudarte a conseguirlo. Posiblemente ellos pongan todo lo que esté en su mano por ayudarte a cambio tan sólo de respeto y compromiso con tu trabajo. Nada más…, ni nada menos.

Sé que a veces es difícil, que algunos días estás deseando largarte de casa, que muchas veces te sientes incomprendido/a, que muchos días el mundo es para ti un lugar incómodo… Pero también sé que tienes una fuerza en tu interior que difícilmente volverás a sentir cuando te transformes en mariposa. Esa fuerza que te hace ser joven, tener ilusión, salir del capullo y tener ganas de comerte el mundo no volverá si no la cultivas y la potencias ahora.

Y no hay mejor manera de hacerlo que (y aquí viene la séptima y última recomendación) comprometiéndote con tu trabajo para llegar a ser quien tú quieras ser, aprovechando tu tiempo libre para divertirte y escuchando a quienes son más viejos y sabios que tú, aunque luego tomes tus propias decisiones.

Con todo, te doy las gracias por tomarte la molestia de regalarme estos minutos de tu tiempo. Espero haberte aportado algo sobre lo que poder reflexionar el resto de tu vida. Porque amigo/a, la vida es una sucesión de pasos que nunca volverás a dar. Y esta etapa en concreto, la de la adolescencia, es la oportunidad que te da la misma vida de ser quien tú quieras ser.

 

¡PUES ADELANTE!

 

Alfonso García-Donas.

Psicólogo.

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