Cuando entro en la Sala del Miedo

Cuando entro en la sala del miedo

En este artículo no voy a contarte nada nuevo. A cambio, intentaré mostrarte cómo gestiono yo los viejos fantasmas que a veces me acechan en los momentos bajos. Son los recuerdos, las experiencias que habitan en ese espacio mental donde guardo lo ingrato, lo molesto, lo dañino, lo vergonzoso. Esa puerta que nunca queremos abrir por miedo, precisamente, a lo que pueda haber detrás. Por eso me gusta llamarla la sala del miedo: donde viven los monstruos.

Y es que a veces no puedo evitar (igual que tú) que se abra dicha puerta. Cuando eso pasa, pienso qué puedo hacer con la amalgama de experiencias desagradables que hay ahí dentro. A veces esos pensamientos me dan para agradecer algunas experiencias desagradables (has leído bien: agradecer), otras para pedir perdón, otras para perdonar y otras (intento que sean las menos) sólo me dan para guardar rencor.

Por eso, y a modo de ejemplo, hoy voy a agradecer algunas cosas:

A ti, que mermaste mi personalidad hasta el punto de casi extinguirme. Quiero agradecerte el haberme colocado en la posición de una persona maltratada, mejor dicho, que se dejó maltratar. Gracias a ti, hoy sé lo que no tengo que volver a repetir. Gracias a ti entiendo el valor del amor, el de verdad, no del que teníamos tú y yo: dependiente, miedoso y receloso. Gracias porque hoy puedo cultivarlo de otra manera.

También quería darte las gracias a ti, que me juzgaste sin preguntar primero. Hoy entiendo que gracias a tus juicios (muchos de ellos tenían más que ver contigo que conmigo) pude ver las miserias que yo mismo me ocultaba. Gracias por permitirme ver la parte con menos luz que habita dentro de mí, porque aunque siempre me costará trabajo, gracias a ti soy capaz de mirar más profundamente que antes. Hoy puedo ver mi inseguridad, mi sensación recidivante de discapacidad, insuficiencia e ineptitud. Resulta que cuando las miro de frente se achantan. Gracias por la fortaleza que me aportaste.

Luego estás tú, a quien agradezco que me trataras como si no fuera nadie. Me hiciste ver que en realidad tenías razón, no soy nadie, pero también comprendí que puedo permitirme no ser nadie para mí, pero no para otros cuando éstos quieren hacerme de menos. Tu manera de tratarme me enseñó orgullo para conmigo. Gracias por esto, es un alivio ir madurando poco a poco

Y por otro lado estás tú, que desprestigiaste mis éxitos porque no eran los tuyos. Gracias por enseñarme cuán importante era para mí la opinión de los demás. Gracias por ayudarme a desligarme de aquello y ver que no me hacía falta tu beneplácito, ni tu aplauso, ni tus palmaditas en la espalda. Gracias por enseñarme a dejar de poner mi autoestima fuera. Fue una gran lección para mí.

Cuando en lugar de recrearme en el dolor producido por aquellas experiencias, decido sacar la parte positiva y agradecerlas, la incomodidad que me producen amaina.

Por otro lado, algo que también ayuda en esto es pedir perdón. En este sentido, mi no tan corta experiencia y algunos golpes bien merecidos, me enseñaron a ganar en humildad. Así es que a veces uso esa humildad para pedir disculpas, porque eso es lo que hay que hacer cuando se erra. A modo de ejemplo:

Te pido perdón de todo corazón por agarrarme a ti como clavo ardiendo, por no ser lo suficientemente valiente como para aceptar que no te quería. Te engañé y manipulé sin darme cuenta, y eso contribuyó enormemente a convertirte en quien tanto daño me hizo. Seguramente, en parte me lo merecí.

A ti te pido disculpas por creerme más que tú: más listo, más justo, más honrado, más auténtico… Era todo mentira. Te pido perdón por necesitar hacerte de menos para yo poder sentirme más. No tenía derecho. Hoy entiendo que contraatacaste con lo que pudiste, no te culpo.

Perdóname también tú, si puedes, por seguir juzgándote cuando has trabajado tanto por mejorar algunos aspectos de tu interior. Perdóname por seguir enquistado en algunas ideas sobre ti ya obsoletas. Y, sobre todo, por pagar contigo viejas rencillas personales con las que no tenías nada que ver. En adelante, prometo mirarte como te mereces.

Y perdóname tú también, por hacerte culpable de lo que no lo eras. En aquel momento necesité ver fuera la culpa que llevaba dentro, y la encontré en ti. Perdóname, nunca fuiste culpable de nada aunque tuvieras algo de responsabilidad. Porque lo último no necesariamente conlleva lo primero.

Esta suerte de diálogo puede ser exclusivamente interno o puedo externalizarlo si así lo siento. En ambos casos tendrá un efecto analgésico para mis emociones dolientes. No obstante, sé que todo será más útil si ese diálogo lo externalizo con la persona pertinente, porque de esa manera estaré cerrando un capítulo doloroso de mi vida.

Siguiendo con las estrategias que uso en la sala del miedo, además de agradecer y pedir disculpas, también perdono. Perdono a quien me dañó, a quien me humilló, a quien me mermó, a quien me juzgó, a quien me mintió, a quien me traicionó, a quien abusó de mi confianza… Y –tal vez el perdón más duro de todos- a mí mismo por permitir todo aquello. A veces me cuesta muchísimo, y nunca fuerzo el perdón hasta que no llega su justo momento. Porque el perdón es como los magos, pues no llega ni pronto ni tarde, llega cuando tiene que llegar. Forzarlo es engañarme.

Así es que muchas veces entro en la sala del miedo y me doy cuenta de que no estoy preparado para perdonar, tampoco para agradecer o pedir perdón. Cuando eso pasa, lo que me queda es guardar rencor. Pero una vez me di cuenta de algo: cuando dejas que el rencor campe a sus anchas durante demasiado tiempo, le estás ofreciendo un espacio de tu mente a esa persona que te hizo daño. Es decir, mientras te muestras rencoroso una parte de ti sigue estando afectada por aquella persona, ergo sigue influyendo sobre ti sin que tú puedas controlarlo.

Por eso, cuando perdonas no lo haces para que la otra persona se sienta mejor. Si perdonas, hazlo porque TÚ lo necesitas. Perdona como gesto simbólico para liberar de tu mente ese espacio que sigue estando ocupado por quien te hizo daño. Perdonando le dejas marchar y también te liberas tú de esa carga. Porque perdonar no necesariamente significa que alguien vuelva a formar parte de tu vida. Desde un punto de vista emocional, perdonar es liberar ese espacio dentro de ti sobre el cual no tenías el control. Perdonar también es liberarte del dolor que te carcomía. Perdonar es romper la coraza del rencor porque nadie tiene derecho (por muy dañino que haya sido) a convertirte en alguien rencoroso, carcomido por su propia hiel. Perdona, y dejarás de otorgarle ese poder a otras personas.

Con todo, ya ves que no hay monstruo ni fantasma del pasado suficientemente grande en la sala del miedo, como para no poder mirarlo de frente y gestionar desde tu interior el daño que te vino de fuera. A mí me funciona… al menos a veces. ¿Y a ti…? Hagamos una prueba:

Agradece a una persona de tu entorno alguna experiencia negativa de la cual hayas podido extraer un aprendizaje positivo.

Pide perdón a alguien que conozcas por aquel comportamiento del que tanto te avergüenzas.

Perdona de corazón a alguien que ejerciera sobre ti un profundo daño.

Alfonso García-Donas. Psicólogo y Coach

Sé lo que es Ser Adolescente

SÉ LO QUE ES SER ADOLESCENTE

Este artículo no es para ti, es para tu hijo/a si es adolescente. ¿Podrías llamarle o imprimirle estas páginas para que las lea? ¡Gracias!

Hola amigo/a. ¿Eres adolescente? Pues estas líneas son para ti. Quiero agradecerte el tiempo y esfuerzo que te supone leer esto. Ya sé que tienes millones de cosas mucho más interesantes que hacer ahora mismo. Aún y así, me gustaría pedirte unos minutos de tu vida para transmitirte algunas ideas que podrían interesarte.

Sé que tu vida es bastante frustrante en muchas ocasiones. Recibes presiones de tus padres, de tus profesores/as y, en general, de todas las personas adultas que tienes alrededor: que si hagas los deberes, que si estudies para el examen, que si recojas tu cuarto, que si no dejes la ropa tirada por ahí, que si no me hables así… Un rollo, lo sé, pero es que como le dijo Jeor Mormont a Jon Snow en Juego de Tronos: <<para poder dar órdenes, primero hay que aprender a recibirlas>>. Es así de sencillo.

La cuestión es que tu vida está llena de personas adultas que te dicen lo que tienes que hacer. Pero tu mente te ordena que hagas justo lo contrario. Lo que pasa en realidad es que “los mayores” saben que estás en una etapa de crecimiento (de evolución) y, aunque te parezca increíble, buscan lo mejor para ti. Sí, sí, lo sé, eso es lo que te dice todo el mundo. Lo que no te dice todo el mundo es que no siempre necesitas que te digan lo que debes hacer todo el rato, igual con un poco más de espacio vital harías las cosas de otra manera… ¿Quién sabe?

Lo que sí sé seguro es que la mayoría de personas adultas ven la adolescencia como una etapa convulsa, como una bomba que está a punto de explotar en cualquier momento. Y lo piensan porque se les ha olvidado lo que significa ser adolescente. Sin embargo, para mí adolescencia significa OPORTUNIDAD.

Hasta hace poco eras un/a niño/a, pero ya no. Estás cambiando y toda esa marabunta de cambios internos y externos hacen que a veces te cueste comprender el mundo. Insisto, la adolescencia es la oportunidad que te da la vida de convertirte en una persona adulta que tú quieras ser.

Es como la transformación que sufre un gusano cuando quiere convertirse en mariposa, aunque primero debe pasar un tiempo metido en su capullo. ¡Tranquilo/a! No te estoy llamando ni gusano ni capullo. Lo que digo es que estás en esa etapa en la que quieres convertirte en mariposa, un ser lleno de color y que puede volar por sí mismo/a. Eso es lo que significa transformarse en adulto/a y tú, querido/a amigo/a, estás justo en esa etapa. Pero para llegar hasta la vida adulta debes pasar por un montón de transformaciones, tanto físicas como mentales.

Por eso, me permito darte algunos trucos para hacer ese camino más amable. La primera recomendación es que empieces a aceptar la transformación, porque no tienes otra opción. La vida no hay quien la pare y el tiempo no espera a nadie. Cambiar es tan inevitable como que la lluvia caiga hacia abajo.

Por ello, sé que a veces sientes que nadie te entiende y otras veces, aunque te entiendan, te tratan como si todavía fueras un/a niño/a, lo cual te enfada muchísimo. Por eso y porque aprecio la etapa adolescente como la más importante de un ser humano, me gustaría darte algunos consejos más si tienes a bien aceptarlos.

La segunda recomendación es que te lleves lo mejor posible con los adultos que te rodean, aunque no siempre te apetezca. Sé que es un rollo, pero créeme cuando te digo que por ahora es la mejor manera de caminar por la vida. Insisto, para poder dar órdenes, primero hay que aprender a recibirlas.

Vamos a centrarnos en tu familia. ¿Por qué es bueno que escuches (fíjate que sólo digo “escuchar”) lo que te dicen tus padres? Es simple, porque ellos ya pasaron por ahí y porque actúan desde el amor incondicional que sienten por ti. Siempre con la mejor de las intenciones, aunque a veces comentan errores. Tus padres son más viejos y sabios que tú, lo que les da la capacidad de tomar decisiones más acertadas. Por otro lado, son menos entusiastas y divertidos. Por eso, toma en cuenta su opinión para las cosas importantes y para las que no, haz lo que creas mejor para ti.

Sea como sea, voy a contarte a qué tienes derecho dentro de casa (y fuera de ella):

  • Tienes derecho a tomar tus propias decisiones, incluso cuando a la larga resulten equivocadas.
  • Tienes derecho, por lo tanto, a cometer errores.
  • Tienes derecho a expresar tu opinión respetuosamente.
  • Tienes derecho a ser un poco rebelde, siempre que ello no implique hacer daño a quienes están a tu alrededor.
  • Tienes derecho a pedir con educación aquello que consideres que en justicia te pertenece.
  • Tienes derecho a tener tiempo libre.
  • Tienes derecho a tener un carácter entusiasta, divertido, espontáneo y sincero.
  • Tienes derecho a decidir lo que quieres estudiar y a lo que te quieres dedicar en el futuro.
  • Tienes derecho a elegir a tus amigos/as.
  • Tienes derecho a elegir tu religión, tus creencias más profundas, o a ser una persona atea.
  • Tienes derecho a cambiar de opinión.
  • Tienes derecho a elegir tu sexualidad, sea cual sea.
  • Tienes derecho a recibir una educación.
  • Tienes derecho a que tus necesidades básicas estén cubiertas.
  • Tienes derecho a intentar cambiar el mundo siguiendo tus convicciones.
  • Y tienes derecho, sobre todo, a ser tú mismo/a.

¡Fíjate todos los derechos que tienes! Aprovéchalos bien. Y aquí viene mi tercera recomendación: que nadie venga a contarte que no tienes esos derechos, porque los tienes, son tuyos.

Por otro lado, la cuarta recomendación es que a la misma vez que tienes claros aquellos derechos, resulta igual de importante saber a qué no tienes derecho:

  • No tienes derecho a maltratar a tus padres, hermanos/as, amigos/as o cualquier persona que esté cerca de ti, ni física ni psicológicamente.
  • No tienes derecho a exigir de malas maneras.
  • No tienes derecho a expresarte gritando o insultando.
  • No tienes derecho a golpear a nadie.
  • No tienes derecho a desobedecer sistemáticamente (es decir, siempre) a tus padres y profesores/as.
  • No tienes derecho a comportarte como un/a cochino/a en casa, ni fuera de ésta.
  • No tienes derecho a saltarte las normas a la torera.
  • No tienes derecho a no colaborar en casa con aquello que se te pida educadamente.
  • No tienes derecho a pedir, pedir, pedir… Sin ofrecer nada a cambio.
  • No tienes derecho a creerte mejor que nadie. No eres menos que nadie, pero tampoco eres más.
  • No tienes derecho a exigirle a nadie que entienda tu punto de vista.
  • Y no tienes derecho, sobre todo, a pedirle a nadie que sea como tú eres o como te gustaría que fuera.

Tener en cuenta tus derechos y tus <<no derechos>> reducirá drásticamente la probabilidad de que cometas errores que luego juzgarás como estúpidos.

Con todo, la quinta recomendación: trabaja para labrarte un buen futuro. Tu padre y tu madre trabajan dentro y fuera de casa. Trabajan duramente para que a ti no te falte de nada. ¿Cuál es tu trabajo, entonces? Estudiar. Métetelo en la cabeza. Para poder ser esa mariposa que vuela libre e independiente, primero has de cumplir el trabajo más importante de tu vida: adquirir una profesión. No te estoy diciendo que saques dieces, que seas el/la primero/a de la clase, ni que vayas a la universidad si no lo deseas. Te estoy invitando a que te labres un futuro.

Por lo tanto, sexta recomendación: sigue tu corazón y realiza aquello que te guste. No lo que los demás quieren que seas, no lo que te dicen que tiene más salida, no lo que los demás esperan de ti… Haz sólo lo que te haga sentir un cosquilleo en la boca del estómago. Y para ello no hay mejor manera que estudiando aquella profesión que más te guste. Lo que sea, seguramente tus padres pongan todo lo que está en su mano para ayudarte a conseguirlo. Posiblemente ellos pongan todo lo que esté en su mano por ayudarte a cambio tan sólo de respeto y compromiso con tu trabajo. Nada más…, ni nada menos.

Sé que a veces es difícil, que algunos días estás deseando largarte de casa, que muchas veces te sientes incomprendido/a, que muchos días el mundo es para ti un lugar incómodo… Pero también sé que tienes una fuerza en tu interior que difícilmente volverás a sentir cuando te transformes en mariposa. Esa fuerza que te hace ser joven, tener ilusión, salir del capullo y tener ganas de comerte el mundo no volverá si no la cultivas y la potencias ahora.

Y no hay mejor manera de hacerlo que (y aquí viene la séptima y última recomendación) comprometiéndote con tu trabajo para llegar a ser quien tú quieras ser, aprovechando tu tiempo libre para divertirte y escuchando a quienes son más viejos y sabios que tú, aunque luego tomes tus propias decisiones.

Con todo, te doy las gracias por tomarte la molestia de regalarme estos minutos de tu tiempo. Espero haberte aportado algo sobre lo que poder reflexionar el resto de tu vida. Porque amigo/a, la vida es una sucesión de pasos que nunca volverás a dar. Y esta etapa en concreto, la de la adolescencia, es la oportunidad que te da la misma vida de ser quien tú quieras ser.

 

¡PUES ADELANTE!

 

Alfonso García-Donas.

Psicólogo.

¿QUÉ ES EL AUTOSABOTAJE Y CÓMO DETECTARLO?

En esta ocasión vamos a hablar del autosabotaje, pero para definirlo veamos primero qué significa el sabotaje a secas: por un lado, daño o deterioro que se hace en instalaciones, productos, etc., como procedimiento de lucha contra los patronos, contra el Estado o contra las fuerzas de ocupación en conflictos sociales o políticos. Por otro, oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, órdenes, decisiones, ideas, etc.

En el contexto psicológico, el autosabotaje sería lo segundo aplicado contra uno mismo. ¿Alguna vez, al proponerte un objetivo, te has visto envuelto en una suerte de circunstancias adversas que te han ido impidiendo la consecución de dicha meta?

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Si te has sentido así, puede que hayas sido víctima del autosabotaje. Recuperando la definición anterior, decimos que somos víctimas e autosabotaje cuando tomamos decisiones que obstruyen disimuladamente NUESTROS proyectos, órdenes, ideas, etc., para lograr un objetivo. Pero, ¿por qué si yo decido algo voluntariamente puedo llegar a ser víctima (en última instancia) de mí mismo?

Las razones son variadas, pero voy a intentar sintetizar las más comunes. La explicación para el autosabotaje la encontramos en:

  1. La fuerza del hábito: cuando te propones algo nuevo en tu vida, lo primero es establecer nuevas rutinas. Simplificándolo, se trata de cambiar unas sinapsis (conexiones neuronales) por otras a fuerza de repetir una conducta nueva. Este cambio, además de costoso, puede llegar a ser muy frustrante e incómodo.
  2. Comodidad: salir de la llamada zona de confort no es fácil, pues los beneficios de mantenerse en ella son innumerables. Se activa, entonces, la ley de la parsimonia o del mínimo esfuerzo. Esto es, con el mínimo esfuerzo conseguir el máximo resultado. Pero la vida no siempre funciona así, menos cuando te planteas un objetivo ambicioso. En tal caso, lo adecuado para lograrlo es poner las miras en lo que vendrá a largo plazo. Si me quedo sólo con la comodidad (el refuerzo) del corto plazo, estaré perdiendo la partida contra mí mismo.
  3. Miedo e inseguridad: la mente tiene formas muy sutiles de autosabotaje. <<¿Y si no lo consigo? ¿Y si fracaso? ¿Qué voy a decirle…? ¡Todos pusieron su confianza en mí!>> Estos y otros diálogos mentales tóxicos pueden colocarte en una posición de derrota anticipada, invitándote a ni siquiera intentar alcanzar el objetivo.
  4. Culpabilidad: no suele aparecer la culpabilidad como tal, sino una forma soterrada que te invita a pensar que eso no es para ti, que tal vez te estés “flipando” demasiado, que dónde vas tú con esas pretensiones… En el trasfondo de estas frases existe una culpabilidad por pretender mejorar, crecer o alcanzar ciertas metas hacia las que nunca te enseñaron a aspirar.image4
  5. Pérdida: todo cambio implica una pérdida y toda pérdida cierto grado de dolor. Para evitar ese posible sufrimiento tendemos a dejar de lado la toma de algunas decisiones difíciles.
  6. Responsabilidad: el miedo a tomar las riendas de tu vida, de ser independiente para cargo no sólo de tus aciertos, sino también de tus errores. Este tipo de libertad a veces abruma.
  7. Necesidad de pertenencia: el sentirse parte de algo (familia, amigos, pareja, grupo de trabajo…) suele ser una necesidad transversal en todo ser humano. A veces (sobre todo en ciertas edades tempranas), esta necesidad es tan fuerte que nos lleva a hacer o dejar de hacer cosas con tal de seguir perteneciendo al grupo.
  8. Mantener la calma: en ocasiones, para aliviar la ansiedad recurrimos a la toma de sustancias (tabaco, alcohol, otras drogas…). También puede pasar con la comida, con la compra compulsiva y, en general, con cualquier tipo de comportamiento que te lleve a llenar “desde fuera” para encontrar una relativa (y pasajera) calma interna.Seguramente te hayas sentido identificado con algunas de las variables barajadas anteriormente. Pero, ¿cómo puedes darte cuenta de que estás sufriendo autosabotaje? Estar alerta a diversos comportamientos puede ayudarte a ello:
    • No acabas las cosas: dejar a medias una y otra vez aquello que comienzas.
    • Excusas y más excusas: una excusa es la explicación a algo que te pasa, que no controlas y que te impide o retrasa la consecución de tu objetivo. Una excusa puede usarse de manera puntual, pero cuando se convierte en rutina, lo que suele ocurrir es que se está eludiendo una responsabilidad, una obligación. Al fin y al cabo la palabra excusa viene de la palabra latina absconsus, que significa ‘escondido’.
    • Procrastinación: esta palabreja viene a significar aquello de dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Retrasar tareas incómodas ocupa un espacio de tu mente que puede tornarse rumiativo (le das vueltas una y otra vez) y, finalmente, obsesionarte. Y el mayor fastidio de las obsesiones es que gastan mucha energía para nada.
    • Perfeccionismo: la perfección puede convertirse en tu peor enemigo, ya que es la excusa perfecta para no actuar. Y sin embargo, por todos es asumible que pocas veces las cosas saldrán perfectas. Pretender lo imposible es una de las formas más sutiles de auto-sabotaje.
    • Incumplimiento de promesas: la propuesta está sobre la mesa, pero finalmente acabas haciendo otra cosa diferente. Los sentimientos de culpabilidad y auto-castigo suelen ser otras pistas del auto-sabotaje.
    • Hacer pequeñas aproximaciones: llevar a cabo pequeñas acciones que te mantienen en tu zona de comodidad, pero que no te llevan a dar el paso definitivo para alcanzar tu meta. Esto te da la falsa sensación de estar haciendo cosas “útiles”.image3Y una vez identificado el problema, ¿qué puedes hacer para dejar de autosabotearte? Existen algunas estrategias útiles, como apuntar en un papel ciertos aspectos de ti mismo para que tomes conciencia, que elijas una conducta en la que creas que te estás auto-saboteando y la cambies por otra distinta, o que busques algún patrón educativo que esté influyendo en cómo afrontas las dificultades, para darle la vuelta… Estrategias difíciles de explicar e implementar si no es en un contexto terapéutico.Pero lo que te diré es que mires de frente al miedo. Al final, la causa principal del auto-sabotaje es el MIEDO: miedo al juicio, miedo a la crítica, miedo al fracaso, miedo a no cumplir con las expectativas, miedo a las consecuencias, miedo a no ser suficiente, miedo a la imperfección, miedo al error… Y como bien sabes, el miedo a lo imaginado tiende a paralizar.

      Así es que mi consejo es que asumas que tienes miedo, no pasa nada, todos lo sentimos porque forma parte de la vida. Luego que te hagas cargo de lo que sientes y HAGAS TODO LO CONTRARIO de lo que te invita a hacer dicho miedo. Pregúntate: <<¿Qué es lo peor que me puede pasar?>>. Después, anota las respuestas que te vengan a la mente y descubrirás que la mayoría de ellas (si no todas) no son tan dramáticas, terribles y catastróficas como pensabas.

      Luego esfuérzate por recordar la primera vez que hiciste algo que te daba miedo, pero aún y así lo hiciste. Y recuerda, además, que ya has afrontado “primeras veces” en infinidad de ocasiones. En todas ellas, ¿pasó algo tan terrible como para no volver a repetirlo? Seguro que en algunas sí, pero esos ínfimos ejemplos no pueden ni remotamente condicionar tu vida. Bien, una vez tomes conciencia de esto, el miedo seguirá presente, y no obstante estarás en mejor calidad de hacer aquello para lo que te sentías paralizado. Y entonces llegará el momento de hacerlo.

      Porque como dijo alguien: <<Hazlo, y si tienes miedo, hazlo con miedo>>. Sólo así podrás traspasar esa escurridiza barrera que separa la tragedia imaginada del mundo real, un lugar donde las cosas no suelen ser tan dramáticas como las imaginamos.image1

 

ALFONSO GARCÍA-DONAS SEPULVEDA

Psicólogo y Coach

¿Qué puedo hacer para que las cosas no me afecten tanto?: 10 claves para no enfadarse con facilidad

En el artículo anterior hablamos de las dianas que fabricamos para los demás, y a través de las cuales podemos llegar a enfadarnos (o sentirnos afectados de alguna otra manera) ante ciertas actitudes, comportamientos, palabras, formas de ser, etc. Pues bien, en este artículo hablaremos sobre 10 claves para no enfadarse tan rápido y hacer más pequeñas aquellas dianas, con el fin de restarle fuerza a los dardos que en realidad no son tales.

calma

Mantener la calma es difícil, pero no imposible

  1. Escucha activamente, no sólo oigas.
    La escucha activa implica estar centrado en lo que te están diciendo y no en lo que vas a replicar. Requiere escuchar atentamente cada palabra que alguien te dice e implica, además, empatizar con la otra persona. Lo que dicha persona hace o dice es fruto de sus experiencias, educación, contexto y estructuras mentales, todo ello tan válido o inválido como lo tuyo propio.
    Desde esta perspectiva “todo cabe”, porque es suficientemente amplia como para lograr comprender (no necesariamente compartir) cualquier tipo de realidad. Y así, lo que somos capaces de comprender deja de ocupar espacio y energía mental, porque ya no necesitamos gastar esos recursos en escudriñar de forma estéril. Si lo comprendo lo asumo, sin más.

 

  1. Respira profundamente.
    Enfadarse, ofenderse, que algo te afecte… implica que un dardo ha dado en tu diana. Cuando eso pasa, una hoguera comienza a arder en tu interior. Si le doy espacio a la hoguera, entonces arderá como si la estuviera soplando. Pero si decido dejar el asunto para más tarde la hoguera tenderá a extinguirse. De ahí que siempre te hayan dicho que no se deben tomar decisiones importantes en caliente.
    Se trataría de dejar para mañana lo que no puedo hacer hoy. En ese tiempo que te estás dando aparece la reflexividad, que actúa en tu interior como un cubo de agua fría. En definitiva, cogerte un tiempo muerto ante el problema te permite tomar perspectiva, tan necesaria para no alimentar la hoguera de la crispación.

 

  1. Una retirada a tiempo es una victoria.
    No todas las batallas hay que ganarlas y ni siquiera pelearlas. El día a día suele ofrecer multitud de oportunidades para disputar con los demás. Cualquier tema conflictivo es bueno para que se abra la veda de la discusión (política, fútbol, economía, sexismo, debate social…), pero si sabes que para ti es un tema escabroso, ¿por qué meterse en él de cabeza? ¿Alguna vez has pensado que no siempre tienes por qué llevar razón o que, aunque la lleves, no tienes por qué demostrarlo?pensamiento

Pensar antes de hablar te ayudará a crear un mensaje constructivo

  1. Piensa bien lo que vas a decir.
    A veces, en una conversación acalorada, tenemos más intención de herir que otra cosa. <<Un dardo ha dado en mi diana y no estoy dispuesto a dejarlo correr… ¡Ahora te vas a enterar!>>. Después de ese “ahora te enteras” mental, viene una suerte de diálogo que no busca educar, enseñar, dilucidar, debatir, descongestionar, ni siquiera convencer. Lo que viene detrás es la ofensa.
    Es por eso que después de respirar hondo y reflexionar, es importante decidir cuál va a ser tu actitud ante el asunto: constructiva o destructiva. Si tu objetivo es llegar a un acuerdo común -a una solución-, nunca elijas la segunda opción, pues con ella no llegarás a ningún sitio que merezca la pena. Continuando con el razonamiento, a todo se le puede sacar un un sentido constructivo, y tal vez si te esfuerzas lo suficiente puedas encontrarlo en el conflicto.

 

  1. Asertividad como forma de vida.
    La asertividad es esa forma de comunicación en la que expresas lo que piensas y sientes, respetando también la postura del otro, su criterio y punto de vista.
    La asertividad se caracteriza por: entender a la otra parte a través de la escucha activa (entiendo lo que dices…), expresar tus sentimientos abiertamente (por otro lado, yo me sentí así…), expresar hechos concretos (cuando pasó…), pedir un cambio (por lo que me gustaría que la próxima vez…), anunciar consecuencias positivas (de esa manera tú y yo podremos entendernos mejor).
    Sea como sea, no te aturulles con la fórmula anterior. Quédate con que para que sea una comunicación asertiva no puede haber ironía o sarcasmo en tus palabras, dobles sentidos, ataques velados o intención de hacer daño. La asertividad sirve para expresarse, no para convencer. Desde ese punto de vista tendrás éxito siempre que expreses tu malestar en un tono de voz normal, pausado, sin grandes aspavientos ni palabras malsonantes u ofensivas. Como diría Mafalda: <<Si me gritas no te oigo>>.

 

  1. Sin crítica no hay paraíso.
    <<Gracias por quererme lo suficiente como para decirme esto>>. Esa debe ser la actitud ante la crítica constructiva para poder usarla como un crecimiento. Si no somos capaces de aceptar una sencilla crítica, tampoco seremos capaces de mejorar. Estaremos cerrados a una única perspectiva de vida, sea acertada o no.
    Por eso aceptar una crítica (siempre que sea constructiva) es una buena costumbre para crecer interiormente. De hecho, pide a los demás que te digan cómo te ven y acepta estoicamente lo que tengan que decirte. Luego asúmelo y utilízalo para avanzar, reflexiona sobre la crítica, se honesto contigo mismo y quédate con lo que consideres que es real, rechazando lo que no. Sólo así podrás lograr ser la mejor versión de ti mismo y, de paso, achicar las dianas que fabricaste para otros.

 

  1. Abre tu mente a otras posibilidades.
    Muy relacionado con lo anterior, critícate tú primero y el resto de críticas perderán fuerza. Esto quiere decir que no hay nada externo a ti que pueda dañarte si primero lo has afrontado desde tu hoestidad.
    Así, además, estarás abriendo tu mente a nuevas perspectivas. Cuando eso pasa enriqueces tu mundo interno, aportándole a tus estructuras mentales diferentes prismas. Como ha sido dicho antes, tener más puntos de vista amplía considerablemente la comprensión de la realidad, sirviéndote esto para encajar mejor los golpes.

 

  1. ¿Es suyo o es tuyo?
    Piensa qué es lo que realmente te está sentando mal. ¿Es la intención malvada del otro por fastidiarte o es una proyección de tu propia conducta auto-censurable en la otra persona?
    De todas las cosas que te estoy contando, esto tal vez sea lo más difícil. Requiere una altísima sinceridad hacia ti mismo para poder mirar de frente a tus peores defectos, identificarlos como tuyos (y no suyos aunque los compartáis) y actuar en consecuencia. Por eso, cuídate de criticar a alguien sin criticarte primero a ti mismo.

 

  1. La humildad antes que el orgullo.
    Hay veces que nos enfadamos tanto con alguien que perdemos los papeles. Si somos humildes, sabremos pedir disculpas. Pero si el orgullo gana esta batalla, podemos enquistarnos en una posición rancia en la que tal vez no tengamos razón. El orgullo (sin sentido) habitualmente lleva a tomar decisiones inadecuadas, porque pone el foco fuera de ti. Es decir, el orgullo puede llevarte a tomar decisiones “para demostrar” algo. El qué y a quién es una pregunta que sólo tú puedes contestar.
    Como dijo Albus Dumbledore: <<Pronto tendrás que elegir entre el camino fácil y el camino correcto>>. Personalmente creo que mantenerse en el orgullo es el camino fácil, mientras que el correcto es el de la humildad. Bajarse al barro cuando no se tiene razón, se han perdido los papeles o se ha faltado al respeto, para pedir disculpas humildemente, es una cuestión de educación que te ayudará a crecer interiormente. De paso, nuevamente estarás eliminando dianas de tu interior.disculpas

Saber pedir disculpas es un gesto de humildad que enriquece las relaciones

  1. El mundo no se acaba con esto.
    <<¡Alarma! ¡Lo que me están diciendo es cierto! ¡¡¡No puedo soportarlo!!!>>. Incluso cuando una crítica es cierta puedo aceptarla, asumirla, sobreponerme a ella y, finalmente, usarla para avanzar. El mundo no se acaba porque alguien no piense como yo, me critique o considere mi punto de vista erróneo.
    Si sólo me enfado y no hago nada con ello, estaremos como en el caso anterior, enquistándonos en una posición cómoda en la que nada tengo que hacer salvo recrearme en mis propios errores, para alimentarlos y volverlos a cometer. Y cuando venga alguien a decirme que eso no es correcto, volveré a enfadarme o, peor aún, argüiré: <<Es que yo soy así, no puedo cambiarlo>>. Pero esto no suele ser cierto.
    Al final, el mundo no se desmorona porque no todo el mundo haga las cosas tal y como yo las pienso, las hago o las siento.

 

  1. Esfuérzate en perdonar.
    No podía faltar el “bonus track” en esta lista de diez claves para no ofenderse con tanta facilidad.
    Perdonar significa “dejar ir”, liberar tu mente de aquello que ya no tiene sitio. Perdonar es el acto de <<dejarte marchar de mi mente, a ti, que me hiciste tanto daño>>. Perdonar significa que libero un espacio dentro de mí que era machacador, inolvidable en un sentido muy negativo y que gastaba demasiada energía en un bucle sin sentido.
    Al perdonar dejas de alimentar el rencor hacia la persona que te hirió. Esto, a su vez, disminuye tu irascibilidad no sólo hacia esa persona, sino hacia quien mínimamente se comporte de forma similar. ¿Cuántas veces has hecho (tal vez inconscientemente) que alguien pague los platos rotos de otra persona? Si te ha pasado esto, es porque aún no has perdonado a quien te hizo el daño original. En tal caso tienes derecho a no hacerlo, pero debes saber que el precio (uno de ellos al menos, tal vez el más elevado) es el ennegrecimiento de tu carácter (algunos lo llamarían alma). Tarde o temprano, esto trae ira consigo. Para eliminar esa fuente de ira lo mejor es hacer un ejercicio de perdón.perdonar

Al perdonar, liberamos un espacio mental destructivo, fuente de rencor y malestar

Finalmente y con todo, te invito a que integres estas once claves en tu forma de hacer las cosas. Descubrirás, entonces, que la vida es algo más sencillo de lo que pensabas, y que se puede caminar sin verse afectado con tanta facilidad por los dardos de los demás.

 

Alfonso García-Donas

Psicólogo y Coach

 

IE-1 Mayo 2017

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Aqui os dejamos la foto de familia de nuestra IE-1 del pasado fin de semana. No nos cansaremos nunca de agradecer inmensamente a todos y cada uno de vosotros el haber brillado con luz propia, el que hagais esta experiencia posible y por supuesto, vuestra entrega desde lo más profundo de vuestro corazón. Desde el equipo de Emociona nos sentimos inmesamente felices. ¡¡¡ Sois geniales, OS QUEREMOS !!!

Jornadas de Coaching e Inteligencia Emocional Sevilla

Jornadas de Coaching e Inteligencia Emocional

 

Os presentamos las Jornadas de Coaching e Inteligencia Emocional que tendrán lugar en la provincia de Sevilla, los dias 22, 23 y 24 de mayo. Estas Jornadas serán la antesala de nuestro curso Experto en Coaching Profesional en esta ciudad.

Los contenidos y objetivos de estas jornadas están disponibles a continuación:

 

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Acércate y encuentra una nueva forma de destacar en tu ámbito profesional, y por supuesto, experimenta en primera persona esta inolvidable experiencia.

…  ¡¡¡ Apuesta por tus sueños !!! …

Lanzamiento IE-3 Abril 2017

la foto

Aquí os dejamos la foto del Lanzamiento de la IE-3 de Abril de 2017. Os presentamos al equipo SAIYAN, 25 seres únicos dispuestos a brillar con luz propia, a luchar por sus sueños y a construir cada dia desde su corazón. Gracias por hacer posible este sueño, adelante SAIYAN: Cree, Crece y Crea !!! Os queremos !!!

Las dianas que fabriqué para ti

diana

 

 “No ofende quien quiere, sino quien puede”
Torcuato Luca de Tena.

 

La tesis parte de que las cosas sólo tienen la capacidad de afectarnos en la medida en que se la concedemos. ¿Y si fuera así? Y en

tal caso, ¿querría esto decir que soy culpable de todo aquello que me sienta mal? Por supuesto que no, pero tal vez sí tengas más responsabilidad de la que eres consciente.

Veamos, la idea es que algunas cosas nos afectan y otras no. Entonces, ¿qué cualidades tienen aquellas cuestiones, eventos, circunstancias, actitudes, palabras, actos, formas de ser… que sí me ofenden o me afectan de alguna manera? Voy a explicarlo a través de la metáfora de los dardos y la diana.

 

Imagina que alguien ha dicho algo que te ha sentado mal. Entonces, supongamos que ese comentario sería como un dardo cuya intención es darte. Siendo así, dependiendo de si tienes dianas fabricadas para ese dardo o no, la “afrenta” tendrá un lugar al que llegar. En el primer caso, el dardo dará de lleno, te dolerá, te enfadará, la ofensa se habrá hecho efectiva… En el segundo caso, el dardo pasará de largo porque no tiene donde dar. Si tú no tienes dianas fabricadas para ese tipo de dardos, entonces la ofensa no será tal, porque no lo permitirás.

 

Un ejemplo más concreto: supón que vas por la calle y un perro te ladra porque no le gusta el olor de tu colonia. Conoces a los perros y sabes lo que te está diciendo: <<¡Apestas! ¡Fuera de aquí!>>. Sigues unos pasos más adelante y entonces te encuentras a un niño de cuatro años de la mano de su madre. El niño te mira y te dice: <<¡Tonto! ¡Feo!>>, y acto seguido te saca la lengua.

Permíteme que vaticine que del perro pasarás olímpicamente. Es un perro al fin y al cabo, no tiene opción ni remotamente de dañar tu moral. Por eso precisamente sus ladridos (sus dardos) no tendrán una diana dentro sobre la que impactar. Con respecto al niño, a lo sumo pensarás que está maleducado, pero es un niño pequeño, dice lo primero que se le pasa por la cabeza. Y siendo así, probablemente tampoco tengas las dianas que sus dos dardos (tonto y feo) necesitan para que la ofensa se haga efectiva dentro de ti. Al final, ni al niño ni al perro les has otorgado la capacidad de ofenderte.

No sabemos qué pasaría, sin embargo, si esas críticas fueran más fuertes o vinieran de personas con las que posees una implicación emocional: tu pareja, tus padres,  tus amigos, incluso tu jefe/a. Y es que a muchas personas de tu entorno (y fuera de éste) sí les habrás otorgado el poder de la ofensa hacia ti. Y aquí está el quid de la cuestión: si hay muchas cosas que me ofenden o “me dan coraje” de los demás, lo que en realidad ocurre es que estoy proyectando en ellos cuestiones negadas de mí mismo.

Esto es… ¡El problema no está en ellas, está en mí! Si yo me ofendo porque alguien me llama feo, lo que está ocurriendo en realidad es que yo me veo feo y no me gusta (esto es mío). Cuando alguien critica mi forma de conducir y yo me ofendo, lo que ocurre en realidad es que estoy poniendo en relieve mi inseguridad al conducir (esto también es mío). Si me ofende que alguien sea de tal o cual religión, de tal o cual condición sexual, de tal o cual orientación política, de tal o cual… lo que sea, lo que ocurre es que soy intolerante y me siento amenazado por lo diferente (y esto también es mío).

Entonces y siendo así, ¿qué variables afectan a que algo genere dianas dentro de mí o no lo haga? Es decir, ¿qué cualidades debe tener un comentario, comportamiento, actitud…, para que se transforme en un dardo y yo genere las dianas necesarias sobre las que impactar? En mi opinión, habría varios factores influyentes:

Cercanía/referencia. Mientras más cercana o de más referencia sea la persona, más te afectarán sus comentarios, actos, actitudes, etc.
Implicación emocional. Mientras más implicación afectiva haya, también más te afectará su opinión.
Persona querida/respetada. Cuando los dardos vayan contra una persona a la que ames o respetes muchísimo, entonces harás tuyos dichos dardos.
Heridas abiertas. Te sentará peor la actitud de una persona si tienes malestar irresoluto con ella.
Creencias profundas. Si sientes que una cuestión daña alguna creencia muy arraigada dentro de ti, inmediatamente generarás una gran diana para ella.
Orgullo. Muy relacionado con lo anterior, alimentarás dianas fuertes si consideras que lo que te llega está atentando contra tu orgullo.
Sensibilidad. Te pasará lo mismo si se toca un tema para el que tengas una sensibilidad especial.
Incomodidad. Cuando algo te haga sentir incómodo, se transformará en un dardo para ti.
Verdad. Esta variable generará dardos y dianas cuando aquello que te llega lo creas como una verdad absoluta y, por supuesto, esta verdad no te guste.
Proyección. A veces vamos a reflejar una parte negada de nosotros mismos en el comportamiento de otra persona, generando dianas injustificadas para ella.

 

¿Quiere esto decir que no existen personas que quieran dañarme? ¿Todo lo que me sienta mal es producto de mis dianas (de mis creencias) y no de la actitud de otros? No, por supuesto que hay personas con una actitud dañina, pero dicho daño podrá hacerse efectivo o no dependiendo la actitud que tú tomes al respecto. Incluso en esas circunstancias podrás decir: <<Perdona, eso no es mío, es tuyo y por lo tanto no pienso ofrecerle un espacio en mi mente>>. O simplemente hacer caso omiso de la crítica. Así, cada palo deberá aguantar su vela.

Además, ten presente que en tu vida habrá “grandes maestros”. Llamo maestros a aquellas personas que te caen profundamente mal o que normalmente te generan un gran rechazo. En estos casos caben dos posibilidades: o son personas tóxicas (en cuyo caso te invito a que pongas límites) o estás proyectando en ellas algo que es tuyo. Quiero decir con esto que tienes muchas dianas diseñadas para esa persona: su actitud, comportamiento, forma de pensar, de hablar… En este caso, pregúntate qué tan malo tiene esa persona que no soportas. Tirando de honestidad y valentía, tal vez descubras que lo que no soportas está dentro de ti. Es entonces cuando estas personas se transforman en tus “maestros”, porque te aportan el inmenso valor de ver lo que no te gusta de ti mismo.

Y es que al final estamos llenos de negaciones. Negamos muchas partes de lo que somos porque no nos gusta mirar nuestros defectos a la cara. Eso activa un mecanismo de defensa como la proyección, o lo que es lo mismo, ver en ojo ajeno la paja mientras no vemos la viga en el nuestro. Y básicamente así es como se generan las dianas comentadas. No es que los demás estén siempre dispuestos a provocar una reacción en ti. Más bien es que estamos llenos de dianas dispuestas a ser tocadas por muchos dardos. Las ofensas, al final, son de mí hacia mí.

 

Así es que con todo, te dejo con las palabras de Descartes en clave de consejo: <<Cuando alguien me ha ofendido trato de elevar mi alma muy alto para que la ofensa no la alcance>>. Por supuesto, quiere decir que eleva sus dianas hasta donde los dardos no pueden llegar.

 

Alfonso García-Donas

Psicólogo y Coach