Inteligencia Emocional Adolescentes

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“No cortes las alas al joven ni te muestres impasible si le ves volando hacia el abismo. No le violentes por tus miedos ni le ignores por tu frustración. No vuelques sobre él tus expectativas ni dejes de guiarle para que alcance su mejor forma. Solamente dale tu amor y sabiduría, regálale los aprendizajes de tus errores, enséñale que las lágrimas también son naturales y cuéntale lo que nunca te contaron, para que si ha de cometer errores,  éstos no sean los mismos que los nuestros”.

Alfonso García-Donas. Psicólogo.

¡Ya tenemos aquí el nuevo proyecto de EMOCIONA para los más jóvenes!

Nuestros psicólogos han desarrollado este curso de Inteligencia Emocional, para que los adolescentes adquieran las habilidades básicas para el mundo real. En él trabajaremos de forma vivencial y práctica, aspectos importantísimos para el correcto desarrollo de la persona, como son la autoestima y autovaloración, la identidad personal, las relaciones sociales, la comunicación interpersonal, la resolución de conflictos y el autoconocimiento.

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Diez palabras para ser feliz. El camino de la felicidad: Cuando la felicidad no se consigue, se construye.

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En este artículo hablaremos de diez palabras claves para alcanzar la felicidad.

En la era que nos ha tocado vivir, parece que nos empeñamos en buscar la felicidad en lugares inadecuados. También a través de fórmulas mágicas que, o bien no existen o bien se muestran como crecepelo milagroso. Así venden la fórmula de la felicidad algunos gurús modernos y marcas comerciales.  Pero sabemos que el camino para ser feliz va por otros derroteros.

Para nosotros la felicidad es algo más complejo que todo aquello. Los profesionales de la salud sabemos que no se puede enfrascar la felicidad en una botella con gas o un eslogan mega chulo. Lo que hacemos más bien es ayudar a las personas a construir dicha felicidad sobre una base segura. Como los cimientos que sostienen al resto del Ser para cuando a éste no le quede otra que sufrir, cosa que de seguro pasará. Porque así es la vida.

Por eso hoy te traemos algunas palabras que encierran algo de felicidad cuando dejan de ser palabras y se transforman en hechos. Porque como ya sabrás la felicidad no es un destino, sino uno camino. Te proponemos, pues, que te propongas construir ese camino con algunas de estas baldosas.

felicidad como camino

La felicidad no es un destino, sino un camino.

Antes de comenzar con la lista de palabras que te pueden ayudar a ser feliz, recuerda que este no es un artículo de análisis lingüístico. Es un artículo en el que vamos a jugar con las palabras con la intención de ofrecerte algunos aprendizajes útiles para construir tu felicidad. Nada más… ni nada menos. Vamos a ello:

COMPROMISO: me gusta decir que la palabra compromiso podemos verla como “comprarme a mí mismo”. Dicho de otro modo, cuidarme, mimarme, respetarme, cultivarme… para poder sentirme orgulloso de mí mismo. Tendemos a ofrecer a los demás nuestra mejor versión. Por supuesto, buscamos vender nuestra persona, caer bien, evitar la crítica… Buscamos que nos compren. La pregunta es: ¿Te vendes a ti mismo como te vendes a los demás? Es decir, ¿te compras a ti mismo? En consecuencia, ¿estás comprometido contigo mismo? Una buena forma de convencer a los demás es creyéndolo primero tú. Y lo mejor es que cuando tú te lo crees desaparece la necesidad de demostrar a los demás. Esto se traduce en un mayor nivel de felicidad y bienestar contigo mismo. No sabes (a veces a mí también se me olvida) lo tranquilo que se queda uno cuando no tiene la necesidad de demostrar nada.

RESPONSABILIDAD: desde un punto de vista emocional, la responsabilidad sería la HABILIDAD para dar RESPUESTA. Como diría Gandalf: <<No podemos elegir el tiempo que se nos ha dado, pero sí qué hacer con él>>.  Esto es, no puedes elegir el atasco, pero sí la actitud que puedes tener en esas circunstancias; no puedes elegir un día muy duro de trabajo, pero sí cómo afrontarlo; no puedes elegir una pelea con tu pareja o hijos, pero sí puedes elegir cómo responder ante tales circunstancias. La responsabilidad entendida desde este punto de vista, sería la habilidad de ofrecer una respuesta adecuada (adaptativa) en cada momento. Y esto, normalmente, sí podrás elegirlo.

 

CONFIANZAcon-fianza. Confiar es aportarle a alguien tu fe (como una fianza) sin estar del todo seguro de si podría traicionarte o no.  Me gusta afirmar que la sociedad se mueve por la confianza: en las leyes, en las normas de circulación, en los vecinos, en los poderes públicos y sociales… Cuando aportas una confianza (responsable, no inocente, tal vez algo cauta al principio y moderadamente reservada) creas un espacio en el que poder ser tú mismo. Esto también aporta felicidad a la larga. <<¿Y si me traicionan?>> Entonces actúa de forma RESPONSABLE ante dicha situación. Pero en cualquier caso no dejes que una o varias traiciones te convenzan de que nunca más podrás dar tu confianza a los demás.

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Sentir que formas parte de algo más grande que tú aporta felicidad porque somos seres sociales.

FIDEDIGNO: De fides (fe) y dignus (digno). Literalmente: digno de fe y crédito. Muy relacionado lo anterior, demostrar que eres digno de fe y crédito hará que los demás se fíen de ti. Esto aumentará la probabilidad de que te sientas parte de algo más grande que tú: una familia, una organización, un grupo de amigos… Y es que, al ser seres gregarios (sociales), las relaciones interpersonales son una baldosa importantísima en el camino hacia la felicidad. Es por eso que para poder construir felicidad es importante que le demuestres a quienes te rodean que se pueden fiar de ti, de tu palabra, de tu honestidad, de tu lealtad. Cuando confías en los demás y logras que los demás confíen en ti, se crea un espacio de seguridad en tu interior a través del cual puedes permitirte vivir en paz. La paz interior a la larga es felicidad.

AGRADECER: me gusta jugar con esta palabra diciendo que agradecer es esforzarse por ser agradable. Ojo, no estoy hablando de esa necesidad tediosa de agradar constantemente a todo el mundo. Esto además de ilusorio es imposible. Con agradecer me refiero a que cuando alguien te ofrece algo bueno (un servicio, una mirada, una palabra, un acto de bondad, un gesto de cariño…) es de recibo esforzarnos cuanto menos por devolverle el agrado con un sencillo gracias. Ya desde hace tiempo se sabe que es de bien nacidos ser agradecidos. Sé agradable con los demás y éstos te devolverán un poquito de su felicidad.

AMABLE: El propio diccionario lo dice: digno de ser amado. Muy relacionado con lo anterior, cuando ejerces la amabilidad le estás demostrando a la otra persona que eres alguien digno de su confianza, alguien a quien se puede querer. Eso es fundamental para cultivar la felicidad porque como he dicho antes, somos seres gregarios. Vivir en manada nos aporta felicidad y seguridad. Y si le demuestras a la manada que eres digno de ser amado, es más probable que se te permita seguir formando parte de ella.

Perdonar para dar

Perdonar implica volver a sentirte preparado para dar todo lo bueno que tienes.

PERDONAR: Si desglosas la palabra perdonar, encontrarás la raíz per (para) y donar (dar). Cuando perdonas estás liberando ese espacio de tu mente que está bloqueado por un daño del pasado. Es muy humano guardar rencor cuando alguien te hiere. No obstante, el rencor -el resentimiento- carcome y te convence de que hay ciertas cosas que no puedes volver a hacer nunca más para no sufrir otra vez el mismo daño. Por ejemplo: confiar, ser honesto, ser auténtico, ser sincero, entregarte en cuerpo y alma a alguien… Cuando perdonas de corazón a quien te hizo daño, te predispones para volver a dar todo aquello a los demás con plenitud. Nuevamente, sentirte pleno es otra de las baldosas fundamentales para construir el camino hacia la felicidad.

PRESENTE: la palabra presente puede significar aquí y ahora, y también regalo. Ambas cosas están muy relacionadas, ya que el presente (existir) puede verse como un regalo. Igual que el rencor, también es muy humano vivir con la mente en lo que pasó (pasado) o en lo que pasará (futuro). Sin embargo, parece lúcido pensar que lo único real es lo que está pasando ahora. Tanto el pasado como el futuro son espacios temporales irreales porque el primero ya no existe y el segundo aún está por existir. Además, la neurociencia nos ha demostrado que un cerebro atento es un cerebro feliz. Entonces, es hora de que te regales el presente, viviendo en el aquí y el ahora. Me atrevería a decir que esta baldosa, si no es la más importante le falta poco.

dis-culpa

Al disculparte, estás eliminando el sentimiento de culpa de tu interior.

DISCULPAdis-culpa, no-culpa. La disculpa es una fórmula básica de educación. Pero hay muchas personas a las que les cuesta pedir perdón aún cuando saben que se han equivocado. No tienen en cuenta que disculparse es eliminar una carga. Es el primer paso para quitarte la culpa de encima y expiar el remordimiento que puede venir detrás de un mal acto. Aprender a disculparse no sólo es una norma básica de educación, sino que tiene un efecto emocional sanador. Una baldosa muy útil en este camino que estamos construyendo hacia la felicidad.

RECONOCIMIENTOre-conocer. Conocer una y otra vez. El conocerse a uno mismo y no dejar de hacerlo durante las distintas etapas de tu vida es muy útil. Pero más útil aún es tener la habilidad de reconocer tus virtudes y también tus defectos. Saber qué puedes y qué no puedes para no ponerte expectativas desmedidas. También es importante reconocer a los demás, apreciar el valor que aportan a tu vida. Así, el auto-reconocimiento es fundamental para una autoestima sana, mientras que el reconocimiento de los demás también lo es para sentir que tienes una red de sostén, en la cual podrás apoyarte pase lo que pase.

Diez palabras, diez baldosas para construir un camino que como a Dorothy y sus amigos puedan llevarte al mundo de Oz. Que no es otro que ese espacio de tu interior donde eres capaz de cultivar la felicidad.

¡Pues adelante!

Alfonso García-Donas Sepúlveda

Psicólogo y Coach

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Almuerzo Navidad EMOCIONA 2017

Llegó el esperado almuerzo de NAVIDAD de EMOCIONA. Tendrá lugar el día 22 de Diciembre en el Hotel Camino de Granada.

El menú será el siguiente:
Entrantes (cada 4 personas):
– Jamón Gran Reserva y Queso Curado de Nuestra Bodega
– Ensalada Camino (lechuga, tomate, cebolla, pimiento, espárragos, langostinos, aguacate, atún, kiwi, aceitunas, huevo, naranja, soja y maíz)
– Bacalao Dorado con Huevos y Patatas Paja
– Escalopines de Ibérico a la Pimienta

Plato Principal (a elegir carne o pescado):
-Lenguado Relleno de Mousse de Gambas
-Churrasco de Ibérico con dos salsas
Postre:
Tarta de Chocolate
Bebidas:
Vinos finos y de Rioja, Cervezas, Refrescos y Cava

Precio: 32€

Confirmaciones:

Envía un e-mail a infoemociona@gmail.com con el asunto: Almuerzo Navidad confirma tu asistencia y especifica si quieres carne o pescado en el plato principal. Te reenviaremos el número de cuenta del hotel para que le hagas el ingreso correspondiente.

Con muchas ganas de verte, abrazarte y compartir un rato contigo.

 

Un fuerte abrazo,

El Equipo EMOCIONA.

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Cuando entro en la Sala del Miedo

Cuando entro en la sala del miedo

En este artículo no voy a contarte nada nuevo. A cambio, intentaré mostrarte cómo gestiono yo los viejos fantasmas que a veces me acechan en los momentos bajos. Son los recuerdos, las experiencias que habitan en ese espacio mental donde guardo lo ingrato, lo molesto, lo dañino, lo vergonzoso. Esa puerta que nunca queremos abrir por miedo, precisamente, a lo que pueda haber detrás. Por eso me gusta llamarla la sala del miedo: donde viven los monstruos.

Y es que a veces no puedo evitar (igual que tú) que se abra dicha puerta. Cuando eso pasa, pienso qué puedo hacer con la amalgama de experiencias desagradables que hay ahí dentro. A veces esos pensamientos me dan para agradecer algunas experiencias desagradables (has leído bien: agradecer), otras para pedir perdón, otras para perdonar y otras (intento que sean las menos) sólo me dan para guardar rencor.

Por eso, y a modo de ejemplo, hoy voy a agradecer algunas cosas:

A ti, que mermaste mi personalidad hasta el punto de casi extinguirme. Quiero agradecerte el haberme colocado en la posición de una persona maltratada, mejor dicho, que se dejó maltratar. Gracias a ti, hoy sé lo que no tengo que volver a repetir. Gracias a ti entiendo el valor del amor, el de verdad, no del que teníamos tú y yo: dependiente, miedoso y receloso. Gracias porque hoy puedo cultivarlo de otra manera.

También quería darte las gracias a ti, que me juzgaste sin preguntar primero. Hoy entiendo que gracias a tus juicios (muchos de ellos tenían más que ver contigo que conmigo) pude ver las miserias que yo mismo me ocultaba. Gracias por permitirme ver la parte con menos luz que habita dentro de mí, porque aunque siempre me costará trabajo, gracias a ti soy capaz de mirar más profundamente que antes. Hoy puedo ver mi inseguridad, mi sensación recidivante de discapacidad, insuficiencia e ineptitud. Resulta que cuando las miro de frente se achantan. Gracias por la fortaleza que me aportaste.

Luego estás tú, a quien agradezco que me trataras como si no fuera nadie. Me hiciste ver que en realidad tenías razón, no soy nadie, pero también comprendí que puedo permitirme no ser nadie para mí, pero no para otros cuando éstos quieren hacerme de menos. Tu manera de tratarme me enseñó orgullo para conmigo. Gracias por esto, es un alivio ir madurando poco a poco

Y por otro lado estás tú, que desprestigiaste mis éxitos porque no eran los tuyos. Gracias por enseñarme cuán importante era para mí la opinión de los demás. Gracias por ayudarme a desligarme de aquello y ver que no me hacía falta tu beneplácito, ni tu aplauso, ni tus palmaditas en la espalda. Gracias por enseñarme a dejar de poner mi autoestima fuera. Fue una gran lección para mí.

Cuando en lugar de recrearme en el dolor producido por aquellas experiencias, decido sacar la parte positiva y agradecerlas, la incomodidad que me producen amaina.

Por otro lado, algo que también ayuda en esto es pedir perdón. En este sentido, mi no tan corta experiencia y algunos golpes bien merecidos, me enseñaron a ganar en humildad. Así es que a veces uso esa humildad para pedir disculpas, porque eso es lo que hay que hacer cuando se erra. A modo de ejemplo:

Te pido perdón de todo corazón por agarrarme a ti como clavo ardiendo, por no ser lo suficientemente valiente como para aceptar que no te quería. Te engañé y manipulé sin darme cuenta, y eso contribuyó enormemente a convertirte en quien tanto daño me hizo. Seguramente, en parte me lo merecí.

A ti te pido disculpas por creerme más que tú: más listo, más justo, más honrado, más auténtico… Era todo mentira. Te pido perdón por necesitar hacerte de menos para yo poder sentirme más. No tenía derecho. Hoy entiendo que contraatacaste con lo que pudiste, no te culpo.

Perdóname también tú, si puedes, por seguir juzgándote cuando has trabajado tanto por mejorar algunos aspectos de tu interior. Perdóname por seguir enquistado en algunas ideas sobre ti ya obsoletas. Y, sobre todo, por pagar contigo viejas rencillas personales con las que no tenías nada que ver. En adelante, prometo mirarte como te mereces.

Y perdóname tú también, por hacerte culpable de lo que no lo eras. En aquel momento necesité ver fuera la culpa que llevaba dentro, y la encontré en ti. Perdóname, nunca fuiste culpable de nada aunque tuvieras algo de responsabilidad. Porque lo último no necesariamente conlleva lo primero.

Esta suerte de diálogo puede ser exclusivamente interno o puedo externalizarlo si así lo siento. En ambos casos tendrá un efecto analgésico para mis emociones dolientes. No obstante, sé que todo será más útil si ese diálogo lo externalizo con la persona pertinente, porque de esa manera estaré cerrando un capítulo doloroso de mi vida.

Siguiendo con las estrategias que uso en la sala del miedo, además de agradecer y pedir disculpas, también perdono. Perdono a quien me dañó, a quien me humilló, a quien me mermó, a quien me juzgó, a quien me mintió, a quien me traicionó, a quien abusó de mi confianza… Y –tal vez el perdón más duro de todos- a mí mismo por permitir todo aquello. A veces me cuesta muchísimo, y nunca fuerzo el perdón hasta que no llega su justo momento. Porque el perdón es como los magos, pues no llega ni pronto ni tarde, llega cuando tiene que llegar. Forzarlo es engañarme.

Así es que muchas veces entro en la sala del miedo y me doy cuenta de que no estoy preparado para perdonar, tampoco para agradecer o pedir perdón. Cuando eso pasa, lo que me queda es guardar rencor. Pero una vez me di cuenta de algo: cuando dejas que el rencor campe a sus anchas durante demasiado tiempo, le estás ofreciendo un espacio de tu mente a esa persona que te hizo daño. Es decir, mientras te muestras rencoroso una parte de ti sigue estando afectada por aquella persona, ergo sigue influyendo sobre ti sin que tú puedas controlarlo.

Por eso, cuando perdonas no lo haces para que la otra persona se sienta mejor. Si perdonas, hazlo porque TÚ lo necesitas. Perdona como gesto simbólico para liberar de tu mente ese espacio que sigue estando ocupado por quien te hizo daño. Perdonando le dejas marchar y también te liberas tú de esa carga. Porque perdonar no necesariamente significa que alguien vuelva a formar parte de tu vida. Desde un punto de vista emocional, perdonar es liberar ese espacio dentro de ti sobre el cual no tenías el control. Perdonar también es liberarte del dolor que te carcomía. Perdonar es romper la coraza del rencor porque nadie tiene derecho (por muy dañino que haya sido) a convertirte en alguien rencoroso, carcomido por su propia hiel. Perdona, y dejarás de otorgarle ese poder a otras personas.

Con todo, ya ves que no hay monstruo ni fantasma del pasado suficientemente grande en la sala del miedo, como para no poder mirarlo de frente y gestionar desde tu interior el daño que te vino de fuera. A mí me funciona… al menos a veces. ¿Y a ti…? Hagamos una prueba:

Agradece a una persona de tu entorno alguna experiencia negativa de la cual hayas podido extraer un aprendizaje positivo.

Pide perdón a alguien que conozcas por aquel comportamiento del que tanto te avergüenzas.

Perdona de corazón a alguien que ejerciera sobre ti un profundo daño.

Alfonso García-Donas. Psicólogo y Coach

Sé lo que es Ser Adolescente

SÉ LO QUE ES SER ADOLESCENTE

Este artículo no es para ti, es para tu hijo/a si es adolescente. ¿Podrías llamarle o imprimirle estas páginas para que las lea? ¡Gracias!

Hola amigo/a. ¿Eres adolescente? Pues estas líneas son para ti. Quiero agradecerte el tiempo y esfuerzo que te supone leer esto. Ya sé que tienes millones de cosas mucho más interesantes que hacer ahora mismo. Aún y así, me gustaría pedirte unos minutos de tu vida para transmitirte algunas ideas que podrían interesarte.

Sé que tu vida es bastante frustrante en muchas ocasiones. Recibes presiones de tus padres, de tus profesores/as y, en general, de todas las personas adultas que tienes alrededor: que si hagas los deberes, que si estudies para el examen, que si recojas tu cuarto, que si no dejes la ropa tirada por ahí, que si no me hables así… Un rollo, lo sé, pero es que como le dijo Jeor Mormont a Jon Snow en Juego de Tronos: <<para poder dar órdenes, primero hay que aprender a recibirlas>>. Es así de sencillo.

La cuestión es que tu vida está llena de personas adultas que te dicen lo que tienes que hacer. Pero tu mente te ordena que hagas justo lo contrario. Lo que pasa en realidad es que “los mayores” saben que estás en una etapa de crecimiento (de evolución) y, aunque te parezca increíble, buscan lo mejor para ti. Sí, sí, lo sé, eso es lo que te dice todo el mundo. Lo que no te dice todo el mundo es que no siempre necesitas que te digan lo que debes hacer todo el rato, igual con un poco más de espacio vital harías las cosas de otra manera… ¿Quién sabe?

Lo que sí sé seguro es que la mayoría de personas adultas ven la adolescencia como una etapa convulsa, como una bomba que está a punto de explotar en cualquier momento. Y lo piensan porque se les ha olvidado lo que significa ser adolescente. Sin embargo, para mí adolescencia significa OPORTUNIDAD.

Hasta hace poco eras un/a niño/a, pero ya no. Estás cambiando y toda esa marabunta de cambios internos y externos hacen que a veces te cueste comprender el mundo. Insisto, la adolescencia es la oportunidad que te da la vida de convertirte en una persona adulta que tú quieras ser.

Es como la transformación que sufre un gusano cuando quiere convertirse en mariposa, aunque primero debe pasar un tiempo metido en su capullo. ¡Tranquilo/a! No te estoy llamando ni gusano ni capullo. Lo que digo es que estás en esa etapa en la que quieres convertirte en mariposa, un ser lleno de color y que puede volar por sí mismo/a. Eso es lo que significa transformarse en adulto/a y tú, querido/a amigo/a, estás justo en esa etapa. Pero para llegar hasta la vida adulta debes pasar por un montón de transformaciones, tanto físicas como mentales.

Por eso, me permito darte algunos trucos para hacer ese camino más amable. La primera recomendación es que empieces a aceptar la transformación, porque no tienes otra opción. La vida no hay quien la pare y el tiempo no espera a nadie. Cambiar es tan inevitable como que la lluvia caiga hacia abajo.

Por ello, sé que a veces sientes que nadie te entiende y otras veces, aunque te entiendan, te tratan como si todavía fueras un/a niño/a, lo cual te enfada muchísimo. Por eso y porque aprecio la etapa adolescente como la más importante de un ser humano, me gustaría darte algunos consejos más si tienes a bien aceptarlos.

La segunda recomendación es que te lleves lo mejor posible con los adultos que te rodean, aunque no siempre te apetezca. Sé que es un rollo, pero créeme cuando te digo que por ahora es la mejor manera de caminar por la vida. Insisto, para poder dar órdenes, primero hay que aprender a recibirlas.

Vamos a centrarnos en tu familia. ¿Por qué es bueno que escuches (fíjate que sólo digo “escuchar”) lo que te dicen tus padres? Es simple, porque ellos ya pasaron por ahí y porque actúan desde el amor incondicional que sienten por ti. Siempre con la mejor de las intenciones, aunque a veces comentan errores. Tus padres son más viejos y sabios que tú, lo que les da la capacidad de tomar decisiones más acertadas. Por otro lado, son menos entusiastas y divertidos. Por eso, toma en cuenta su opinión para las cosas importantes y para las que no, haz lo que creas mejor para ti.

Sea como sea, voy a contarte a qué tienes derecho dentro de casa (y fuera de ella):

  • Tienes derecho a tomar tus propias decisiones, incluso cuando a la larga resulten equivocadas.
  • Tienes derecho, por lo tanto, a cometer errores.
  • Tienes derecho a expresar tu opinión respetuosamente.
  • Tienes derecho a ser un poco rebelde, siempre que ello no implique hacer daño a quienes están a tu alrededor.
  • Tienes derecho a pedir con educación aquello que consideres que en justicia te pertenece.
  • Tienes derecho a tener tiempo libre.
  • Tienes derecho a tener un carácter entusiasta, divertido, espontáneo y sincero.
  • Tienes derecho a decidir lo que quieres estudiar y a lo que te quieres dedicar en el futuro.
  • Tienes derecho a elegir a tus amigos/as.
  • Tienes derecho a elegir tu religión, tus creencias más profundas, o a ser una persona atea.
  • Tienes derecho a cambiar de opinión.
  • Tienes derecho a elegir tu sexualidad, sea cual sea.
  • Tienes derecho a recibir una educación.
  • Tienes derecho a que tus necesidades básicas estén cubiertas.
  • Tienes derecho a intentar cambiar el mundo siguiendo tus convicciones.
  • Y tienes derecho, sobre todo, a ser tú mismo/a.

¡Fíjate todos los derechos que tienes! Aprovéchalos bien. Y aquí viene mi tercera recomendación: que nadie venga a contarte que no tienes esos derechos, porque los tienes, son tuyos.

Por otro lado, la cuarta recomendación es que a la misma vez que tienes claros aquellos derechos, resulta igual de importante saber a qué no tienes derecho:

  • No tienes derecho a maltratar a tus padres, hermanos/as, amigos/as o cualquier persona que esté cerca de ti, ni física ni psicológicamente.
  • No tienes derecho a exigir de malas maneras.
  • No tienes derecho a expresarte gritando o insultando.
  • No tienes derecho a golpear a nadie.
  • No tienes derecho a desobedecer sistemáticamente (es decir, siempre) a tus padres y profesores/as.
  • No tienes derecho a comportarte como un/a cochino/a en casa, ni fuera de ésta.
  • No tienes derecho a saltarte las normas a la torera.
  • No tienes derecho a no colaborar en casa con aquello que se te pida educadamente.
  • No tienes derecho a pedir, pedir, pedir… Sin ofrecer nada a cambio.
  • No tienes derecho a creerte mejor que nadie. No eres menos que nadie, pero tampoco eres más.
  • No tienes derecho a exigirle a nadie que entienda tu punto de vista.
  • Y no tienes derecho, sobre todo, a pedirle a nadie que sea como tú eres o como te gustaría que fuera.

Tener en cuenta tus derechos y tus <<no derechos>> reducirá drásticamente la probabilidad de que cometas errores que luego juzgarás como estúpidos.

Con todo, la quinta recomendación: trabaja para labrarte un buen futuro. Tu padre y tu madre trabajan dentro y fuera de casa. Trabajan duramente para que a ti no te falte de nada. ¿Cuál es tu trabajo, entonces? Estudiar. Métetelo en la cabeza. Para poder ser esa mariposa que vuela libre e independiente, primero has de cumplir el trabajo más importante de tu vida: adquirir una profesión. No te estoy diciendo que saques dieces, que seas el/la primero/a de la clase, ni que vayas a la universidad si no lo deseas. Te estoy invitando a que te labres un futuro.

Por lo tanto, sexta recomendación: sigue tu corazón y realiza aquello que te guste. No lo que los demás quieren que seas, no lo que te dicen que tiene más salida, no lo que los demás esperan de ti… Haz sólo lo que te haga sentir un cosquilleo en la boca del estómago. Y para ello no hay mejor manera que estudiando aquella profesión que más te guste. Lo que sea, seguramente tus padres pongan todo lo que está en su mano para ayudarte a conseguirlo. Posiblemente ellos pongan todo lo que esté en su mano por ayudarte a cambio tan sólo de respeto y compromiso con tu trabajo. Nada más…, ni nada menos.

Sé que a veces es difícil, que algunos días estás deseando largarte de casa, que muchas veces te sientes incomprendido/a, que muchos días el mundo es para ti un lugar incómodo… Pero también sé que tienes una fuerza en tu interior que difícilmente volverás a sentir cuando te transformes en mariposa. Esa fuerza que te hace ser joven, tener ilusión, salir del capullo y tener ganas de comerte el mundo no volverá si no la cultivas y la potencias ahora.

Y no hay mejor manera de hacerlo que (y aquí viene la séptima y última recomendación) comprometiéndote con tu trabajo para llegar a ser quien tú quieras ser, aprovechando tu tiempo libre para divertirte y escuchando a quienes son más viejos y sabios que tú, aunque luego tomes tus propias decisiones.

Con todo, te doy las gracias por tomarte la molestia de regalarme estos minutos de tu tiempo. Espero haberte aportado algo sobre lo que poder reflexionar el resto de tu vida. Porque amigo/a, la vida es una sucesión de pasos que nunca volverás a dar. Y esta etapa en concreto, la de la adolescencia, es la oportunidad que te da la misma vida de ser quien tú quieras ser.

 

¡PUES ADELANTE!

 

Alfonso García-Donas.

Psicólogo.

¿QUÉ ES EL AUTOSABOTAJE Y CÓMO DETECTARLO?

En esta ocasión vamos a hablar del autosabotaje, pero para definirlo veamos primero qué significa el sabotaje a secas: por un lado, daño o deterioro que se hace en instalaciones, productos, etc., como procedimiento de lucha contra los patronos, contra el Estado o contra las fuerzas de ocupación en conflictos sociales o políticos. Por otro, oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, órdenes, decisiones, ideas, etc.

En el contexto psicológico, el autosabotaje sería lo segundo aplicado contra uno mismo. ¿Alguna vez, al proponerte un objetivo, te has visto envuelto en una suerte de circunstancias adversas que te han ido impidiendo la consecución de dicha meta?

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Si te has sentido así, puede que hayas sido víctima del autosabotaje. Recuperando la definición anterior, decimos que somos víctimas e autosabotaje cuando tomamos decisiones que obstruyen disimuladamente NUESTROS proyectos, órdenes, ideas, etc., para lograr un objetivo. Pero, ¿por qué si yo decido algo voluntariamente puedo llegar a ser víctima (en última instancia) de mí mismo?

Las razones son variadas, pero voy a intentar sintetizar las más comunes. La explicación para el autosabotaje la encontramos en:

  1. La fuerza del hábito: cuando te propones algo nuevo en tu vida, lo primero es establecer nuevas rutinas. Simplificándolo, se trata de cambiar unas sinapsis (conexiones neuronales) por otras a fuerza de repetir una conducta nueva. Este cambio, además de costoso, puede llegar a ser muy frustrante e incómodo.
  2. Comodidad: salir de la llamada zona de confort no es fácil, pues los beneficios de mantenerse en ella son innumerables. Se activa, entonces, la ley de la parsimonia o del mínimo esfuerzo. Esto es, con el mínimo esfuerzo conseguir el máximo resultado. Pero la vida no siempre funciona así, menos cuando te planteas un objetivo ambicioso. En tal caso, lo adecuado para lograrlo es poner las miras en lo que vendrá a largo plazo. Si me quedo sólo con la comodidad (el refuerzo) del corto plazo, estaré perdiendo la partida contra mí mismo.
  3. Miedo e inseguridad: la mente tiene formas muy sutiles de autosabotaje. <<¿Y si no lo consigo? ¿Y si fracaso? ¿Qué voy a decirle…? ¡Todos pusieron su confianza en mí!>> Estos y otros diálogos mentales tóxicos pueden colocarte en una posición de derrota anticipada, invitándote a ni siquiera intentar alcanzar el objetivo.
  4. Culpabilidad: no suele aparecer la culpabilidad como tal, sino una forma soterrada que te invita a pensar que eso no es para ti, que tal vez te estés “flipando” demasiado, que dónde vas tú con esas pretensiones… En el trasfondo de estas frases existe una culpabilidad por pretender mejorar, crecer o alcanzar ciertas metas hacia las que nunca te enseñaron a aspirar.image4
  5. Pérdida: todo cambio implica una pérdida y toda pérdida cierto grado de dolor. Para evitar ese posible sufrimiento tendemos a dejar de lado la toma de algunas decisiones difíciles.
  6. Responsabilidad: el miedo a tomar las riendas de tu vida, de ser independiente para cargo no sólo de tus aciertos, sino también de tus errores. Este tipo de libertad a veces abruma.
  7. Necesidad de pertenencia: el sentirse parte de algo (familia, amigos, pareja, grupo de trabajo…) suele ser una necesidad transversal en todo ser humano. A veces (sobre todo en ciertas edades tempranas), esta necesidad es tan fuerte que nos lleva a hacer o dejar de hacer cosas con tal de seguir perteneciendo al grupo.
  8. Mantener la calma: en ocasiones, para aliviar la ansiedad recurrimos a la toma de sustancias (tabaco, alcohol, otras drogas…). También puede pasar con la comida, con la compra compulsiva y, en general, con cualquier tipo de comportamiento que te lleve a llenar “desde fuera” para encontrar una relativa (y pasajera) calma interna.Seguramente te hayas sentido identificado con algunas de las variables barajadas anteriormente. Pero, ¿cómo puedes darte cuenta de que estás sufriendo autosabotaje? Estar alerta a diversos comportamientos puede ayudarte a ello:
    • No acabas las cosas: dejar a medias una y otra vez aquello que comienzas.
    • Excusas y más excusas: una excusa es la explicación a algo que te pasa, que no controlas y que te impide o retrasa la consecución de tu objetivo. Una excusa puede usarse de manera puntual, pero cuando se convierte en rutina, lo que suele ocurrir es que se está eludiendo una responsabilidad, una obligación. Al fin y al cabo la palabra excusa viene de la palabra latina absconsus, que significa ‘escondido’.
    • Procrastinación: esta palabreja viene a significar aquello de dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Retrasar tareas incómodas ocupa un espacio de tu mente que puede tornarse rumiativo (le das vueltas una y otra vez) y, finalmente, obsesionarte. Y el mayor fastidio de las obsesiones es que gastan mucha energía para nada.
    • Perfeccionismo: la perfección puede convertirse en tu peor enemigo, ya que es la excusa perfecta para no actuar. Y sin embargo, por todos es asumible que pocas veces las cosas saldrán perfectas. Pretender lo imposible es una de las formas más sutiles de auto-sabotaje.
    • Incumplimiento de promesas: la propuesta está sobre la mesa, pero finalmente acabas haciendo otra cosa diferente. Los sentimientos de culpabilidad y auto-castigo suelen ser otras pistas del auto-sabotaje.
    • Hacer pequeñas aproximaciones: llevar a cabo pequeñas acciones que te mantienen en tu zona de comodidad, pero que no te llevan a dar el paso definitivo para alcanzar tu meta. Esto te da la falsa sensación de estar haciendo cosas “útiles”.image3Y una vez identificado el problema, ¿qué puedes hacer para dejar de autosabotearte? Existen algunas estrategias útiles, como apuntar en un papel ciertos aspectos de ti mismo para que tomes conciencia, que elijas una conducta en la que creas que te estás auto-saboteando y la cambies por otra distinta, o que busques algún patrón educativo que esté influyendo en cómo afrontas las dificultades, para darle la vuelta… Estrategias difíciles de explicar e implementar si no es en un contexto terapéutico.Pero lo que te diré es que mires de frente al miedo. Al final, la causa principal del auto-sabotaje es el MIEDO: miedo al juicio, miedo a la crítica, miedo al fracaso, miedo a no cumplir con las expectativas, miedo a las consecuencias, miedo a no ser suficiente, miedo a la imperfección, miedo al error… Y como bien sabes, el miedo a lo imaginado tiende a paralizar.

      Así es que mi consejo es que asumas que tienes miedo, no pasa nada, todos lo sentimos porque forma parte de la vida. Luego que te hagas cargo de lo que sientes y HAGAS TODO LO CONTRARIO de lo que te invita a hacer dicho miedo. Pregúntate: <<¿Qué es lo peor que me puede pasar?>>. Después, anota las respuestas que te vengan a la mente y descubrirás que la mayoría de ellas (si no todas) no son tan dramáticas, terribles y catastróficas como pensabas.

      Luego esfuérzate por recordar la primera vez que hiciste algo que te daba miedo, pero aún y así lo hiciste. Y recuerda, además, que ya has afrontado “primeras veces” en infinidad de ocasiones. En todas ellas, ¿pasó algo tan terrible como para no volver a repetirlo? Seguro que en algunas sí, pero esos ínfimos ejemplos no pueden ni remotamente condicionar tu vida. Bien, una vez tomes conciencia de esto, el miedo seguirá presente, y no obstante estarás en mejor calidad de hacer aquello para lo que te sentías paralizado. Y entonces llegará el momento de hacerlo.

      Porque como dijo alguien: <<Hazlo, y si tienes miedo, hazlo con miedo>>. Sólo así podrás traspasar esa escurridiza barrera que separa la tragedia imaginada del mundo real, un lugar donde las cosas no suelen ser tan dramáticas como las imaginamos.image1

 

ALFONSO GARCÍA-DONAS SEPULVEDA

Psicólogo y Coach