¿Qué puedo hacer para que las cosas no me afecten tanto?: 10 claves para no enfadarse con facilidad

En el artículo anterior hablamos de las dianas que fabricamos para los demás, y a través de las cuales podemos llegar a enfadarnos (o sentirnos afectados de alguna otra manera) ante ciertas actitudes, comportamientos, palabras, formas de ser, etc. Pues bien, en este artículo hablaremos sobre 10 claves para no enfadarse tan rápido y hacer más pequeñas aquellas dianas, con el fin de restarle fuerza a los dardos que en realidad no son tales.

calma

Mantener la calma es difícil, pero no imposible

  1. Escucha activamente, no sólo oigas.
    La escucha activa implica estar centrado en lo que te están diciendo y no en lo que vas a replicar. Requiere escuchar atentamente cada palabra que alguien te dice e implica, además, empatizar con la otra persona. Lo que dicha persona hace o dice es fruto de sus experiencias, educación, contexto y estructuras mentales, todo ello tan válido o inválido como lo tuyo propio.
    Desde esta perspectiva “todo cabe”, porque es suficientemente amplia como para lograr comprender (no necesariamente compartir) cualquier tipo de realidad. Y así, lo que somos capaces de comprender deja de ocupar espacio y energía mental, porque ya no necesitamos gastar esos recursos en escudriñar de forma estéril. Si lo comprendo lo asumo, sin más.

 

  1. Respira profundamente.
    Enfadarse, ofenderse, que algo te afecte… implica que un dardo ha dado en tu diana. Cuando eso pasa, una hoguera comienza a arder en tu interior. Si le doy espacio a la hoguera, entonces arderá como si la estuviera soplando. Pero si decido dejar el asunto para más tarde la hoguera tenderá a extinguirse. De ahí que siempre te hayan dicho que no se deben tomar decisiones importantes en caliente.
    Se trataría de dejar para mañana lo que no puedo hacer hoy. En ese tiempo que te estás dando aparece la reflexividad, que actúa en tu interior como un cubo de agua fría. En definitiva, cogerte un tiempo muerto ante el problema te permite tomar perspectiva, tan necesaria para no alimentar la hoguera de la crispación.

 

  1. Una retirada a tiempo es una victoria.
    No todas las batallas hay que ganarlas y ni siquiera pelearlas. El día a día suele ofrecer multitud de oportunidades para disputar con los demás. Cualquier tema conflictivo es bueno para que se abra la veda de la discusión (política, fútbol, economía, sexismo, debate social…), pero si sabes que para ti es un tema escabroso, ¿por qué meterse en él de cabeza? ¿Alguna vez has pensado que no siempre tienes por qué llevar razón o que, aunque la lleves, no tienes por qué demostrarlo?pensamiento

Pensar antes de hablar te ayudará a crear un mensaje constructivo

  1. Piensa bien lo que vas a decir.
    A veces, en una conversación acalorada, tenemos más intención de herir que otra cosa. <<Un dardo ha dado en mi diana y no estoy dispuesto a dejarlo correr… ¡Ahora te vas a enterar!>>. Después de ese “ahora te enteras” mental, viene una suerte de diálogo que no busca educar, enseñar, dilucidar, debatir, descongestionar, ni siquiera convencer. Lo que viene detrás es la ofensa.
    Es por eso que después de respirar hondo y reflexionar, es importante decidir cuál va a ser tu actitud ante el asunto: constructiva o destructiva. Si tu objetivo es llegar a un acuerdo común -a una solución-, nunca elijas la segunda opción, pues con ella no llegarás a ningún sitio que merezca la pena. Continuando con el razonamiento, a todo se le puede sacar un un sentido constructivo, y tal vez si te esfuerzas lo suficiente puedas encontrarlo en el conflicto.

 

  1. Asertividad como forma de vida.
    La asertividad es esa forma de comunicación en la que expresas lo que piensas y sientes, respetando también la postura del otro, su criterio y punto de vista.
    La asertividad se caracteriza por: entender a la otra parte a través de la escucha activa (entiendo lo que dices…), expresar tus sentimientos abiertamente (por otro lado, yo me sentí así…), expresar hechos concretos (cuando pasó…), pedir un cambio (por lo que me gustaría que la próxima vez…), anunciar consecuencias positivas (de esa manera tú y yo podremos entendernos mejor).
    Sea como sea, no te aturulles con la fórmula anterior. Quédate con que para que sea una comunicación asertiva no puede haber ironía o sarcasmo en tus palabras, dobles sentidos, ataques velados o intención de hacer daño. La asertividad sirve para expresarse, no para convencer. Desde ese punto de vista tendrás éxito siempre que expreses tu malestar en un tono de voz normal, pausado, sin grandes aspavientos ni palabras malsonantes u ofensivas. Como diría Mafalda: <<Si me gritas no te oigo>>.

 

  1. Sin crítica no hay paraíso.
    <<Gracias por quererme lo suficiente como para decirme esto>>. Esa debe ser la actitud ante la crítica constructiva para poder usarla como un crecimiento. Si no somos capaces de aceptar una sencilla crítica, tampoco seremos capaces de mejorar. Estaremos cerrados a una única perspectiva de vida, sea acertada o no.
    Por eso aceptar una crítica (siempre que sea constructiva) es una buena costumbre para crecer interiormente. De hecho, pide a los demás que te digan cómo te ven y acepta estoicamente lo que tengan que decirte. Luego asúmelo y utilízalo para avanzar, reflexiona sobre la crítica, se honesto contigo mismo y quédate con lo que consideres que es real, rechazando lo que no. Sólo así podrás lograr ser la mejor versión de ti mismo y, de paso, achicar las dianas que fabricaste para otros.

 

  1. Abre tu mente a otras posibilidades.
    Muy relacionado con lo anterior, critícate tú primero y el resto de críticas perderán fuerza. Esto quiere decir que no hay nada externo a ti que pueda dañarte si primero lo has afrontado desde tu hoestidad.
    Así, además, estarás abriendo tu mente a nuevas perspectivas. Cuando eso pasa enriqueces tu mundo interno, aportándole a tus estructuras mentales diferentes prismas. Como ha sido dicho antes, tener más puntos de vista amplía considerablemente la comprensión de la realidad, sirviéndote esto para encajar mejor los golpes.

 

  1. ¿Es suyo o es tuyo?
    Piensa qué es lo que realmente te está sentando mal. ¿Es la intención malvada del otro por fastidiarte o es una proyección de tu propia conducta auto-censurable en la otra persona?
    De todas las cosas que te estoy contando, esto tal vez sea lo más difícil. Requiere una altísima sinceridad hacia ti mismo para poder mirar de frente a tus peores defectos, identificarlos como tuyos (y no suyos aunque los compartáis) y actuar en consecuencia. Por eso, cuídate de criticar a alguien sin criticarte primero a ti mismo.

 

  1. La humildad antes que el orgullo.
    Hay veces que nos enfadamos tanto con alguien que perdemos los papeles. Si somos humildes, sabremos pedir disculpas. Pero si el orgullo gana esta batalla, podemos enquistarnos en una posición rancia en la que tal vez no tengamos razón. El orgullo (sin sentido) habitualmente lleva a tomar decisiones inadecuadas, porque pone el foco fuera de ti. Es decir, el orgullo puede llevarte a tomar decisiones “para demostrar” algo. El qué y a quién es una pregunta que sólo tú puedes contestar.
    Como dijo Albus Dumbledore: <<Pronto tendrás que elegir entre el camino fácil y el camino correcto>>. Personalmente creo que mantenerse en el orgullo es el camino fácil, mientras que el correcto es el de la humildad. Bajarse al barro cuando no se tiene razón, se han perdido los papeles o se ha faltado al respeto, para pedir disculpas humildemente, es una cuestión de educación que te ayudará a crecer interiormente. De paso, nuevamente estarás eliminando dianas de tu interior.disculpas

Saber pedir disculpas es un gesto de humildad que enriquece las relaciones

  1. El mundo no se acaba con esto.
    <<¡Alarma! ¡Lo que me están diciendo es cierto! ¡¡¡No puedo soportarlo!!!>>. Incluso cuando una crítica es cierta puedo aceptarla, asumirla, sobreponerme a ella y, finalmente, usarla para avanzar. El mundo no se acaba porque alguien no piense como yo, me critique o considere mi punto de vista erróneo.
    Si sólo me enfado y no hago nada con ello, estaremos como en el caso anterior, enquistándonos en una posición cómoda en la que nada tengo que hacer salvo recrearme en mis propios errores, para alimentarlos y volverlos a cometer. Y cuando venga alguien a decirme que eso no es correcto, volveré a enfadarme o, peor aún, argüiré: <<Es que yo soy así, no puedo cambiarlo>>. Pero esto no suele ser cierto.
    Al final, el mundo no se desmorona porque no todo el mundo haga las cosas tal y como yo las pienso, las hago o las siento.

 

  1. Esfuérzate en perdonar.
    No podía faltar el “bonus track” en esta lista de diez claves para no ofenderse con tanta facilidad.
    Perdonar significa “dejar ir”, liberar tu mente de aquello que ya no tiene sitio. Perdonar es el acto de <<dejarte marchar de mi mente, a ti, que me hiciste tanto daño>>. Perdonar significa que libero un espacio dentro de mí que era machacador, inolvidable en un sentido muy negativo y que gastaba demasiada energía en un bucle sin sentido.
    Al perdonar dejas de alimentar el rencor hacia la persona que te hirió. Esto, a su vez, disminuye tu irascibilidad no sólo hacia esa persona, sino hacia quien mínimamente se comporte de forma similar. ¿Cuántas veces has hecho (tal vez inconscientemente) que alguien pague los platos rotos de otra persona? Si te ha pasado esto, es porque aún no has perdonado a quien te hizo el daño original. En tal caso tienes derecho a no hacerlo, pero debes saber que el precio (uno de ellos al menos, tal vez el más elevado) es el ennegrecimiento de tu carácter (algunos lo llamarían alma). Tarde o temprano, esto trae ira consigo. Para eliminar esa fuente de ira lo mejor es hacer un ejercicio de perdón.perdonar

Al perdonar, liberamos un espacio mental destructivo, fuente de rencor y malestar

Finalmente y con todo, te invito a que integres estas once claves en tu forma de hacer las cosas. Descubrirás, entonces, que la vida es algo más sencillo de lo que pensabas, y que se puede caminar sin verse afectado con tanta facilidad por los dardos de los demás.

 

Alfonso García-Donas

Psicólogo y Coach