El dolor de las decisiones que no tomo

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Parece que estamos programados para evitar el dolor en cualquiera de sus expresiones. Visto con perspectiva es lógico, todo es cuestión de supervivencia. Si sufro tiendo a extinguirme, pero esto del sufrimiento no es tan sencillo. Verás, te contaré que existen, al menos, dos tipos de dolor.

Por un lado, aquel que tiene un mensaje para mí, un dolor sano a su manera, vital para seguir adelante, el amigo al que nunca queremos escuchar porque no nos gusta su mensaje. Por otro, el dolor inútil, aquel que mantengo en mi vida por miedo al primero. Es un tipo de sufrimiento mucho más dañino y profundo, que no pasa con el tiempo y en el cual nos enquistamos por no tomar decisiones. Es paradójico, pero sufrimos por no sufrir.

Siguiendo el razonamiento, el primer tipo de dolor estaría sujeto a las decisiones que SÍ tomo, mientras que el segundo responde más a las decisiones que NO tomo. Este último, es un dolor indefinido porque está en manos del contexto, así como de las personas que lo conforman. No tiene fin porque cuando yo no tomo decisiones otros las toman por mí, y entonces nos adentramos en un mar que no somos capaces de controlar, cambiante, voluble, caprichoso… Nos transformamos en esa veleta movida por el viento que no tiene control ninguno sobre su destino. Es infinito porque en él no controlamos las variables que lo definen. Por otro lado, estaría el otro tipo de dolor, aquel que pudiendo llegar incluso a ser más intenso que el primero, sí tiene fecha de caducidad, porque está sujeto a variables sobre las que tengo poder, por muy incómodo que me resulte en una primera instancia.

Pongamos un ejemplo para entender esta maraña abstracta. Supongamos que estamos enquistados en una relación de pareja insatisfactoria, definida por chantajes emocionales, discusiones constantes, profundo miedo al abandono y la soledad, tal vez celos patológicos derivados de una tremenda inseguridad personal, escenas agresivas (verbales y/o físicas)… Si te quedas paralizado, si decides no tomar decisiones importantes al respecto, el dolor será tan largo como dure dicha relación tóxica, debiendo añadir que el precio a pagar por mantenerlo también será demasiado alto. Tal vez tu autoestima quede destrozada y sea difícil recuperarla, es posible también que tu estado de ánimo decaiga hasta cotas ínfimas, incluso puede que tus creencias acerca del amor bondadoso, respetuoso, dadivoso y pleno…, se rompan para comenzar a creer que el amor real no existe. El precio de este dolor, como ves, es demasiado alto, teniendo la dramática cualidad de ser indefinido y su solución (si es que la tiene) nunca está clara.

Pero existe otra alternativa, podemos ELEGIR el sufrimiento finito, el controlable. Si decides, bien trabajar para cambiar la relación a mejor o bien abandonarla, entonces entrarás en un sufrimiento probablemente muy elevado, pero con fecha de caducidad. El precio de esta alternativa es el paso por el “desierto”, me refiero a ese espacio de incertidumbre e incomodidad que hay entre lo que tienes y lo que quieres tener, dicho más acertadamente, entre lo que eres y lo que quieres llegar a ser. Es el camino a recorrer entre tu zona de maltrato personal y el oasis al que quieres llegar, en el cual poder sentirte libre y encontrar nuevas esperanzas, oportunidades, personas para las cuales vuelvas a sentir (y ofrecer) un profundo amor… Pagar este precio es igualmente doloroso porque elegirás enfrentarte a la soledad, tal vez a la sensación de abandono, tendrás que dejar atrás parte de tu identidad, así como romper con fuertes costumbres y rutinas que anteriormente te hacían sentir “cómodo”…

Esto se llama duelo, y los duelos tienen una inercia donde lo adaptativo (y esperable) es que termine pasando. Esto significa que después de la travesía por el desierto en la que seguro vas a llorar, maldecir, patalear, sufrir… en definitiva, tocar fondo; después de eso llega el oasis y con él una nueva oportunidad para reiniciar tu felicidad.

Esta es la magia del dolor que elegimos. Porque ten en cuenta que todo en esta vida está sujeto a elecciones, desde el desayuno o la ropa que te pondrás hoy, hasta la ciudad en la que vas a vivir los próximos cinco años. Insisto, todo está sujeto a decisiones sean éstas grandes o pequeñas, y como tales tienen un precio a pagar. La clave está en qué precio estás dispuesto a asumir.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si decides no cambiar nada de aquella relación tóxica, el precio que vas a pagar es vivir amargura, apatía, discusiones, fugas en tu autoestima, el ennegrecimiento de tu carácter… A cambio, el beneficio será no sentirte sólo ni abandonado, seguir bajo la rutina costumbrista donde nada cambia, sabrás perfectamente lo que ocurrirá en cada momento y no tendrás que vivir la incertidumbre de tener que conocer a alguien nuevo. El beneficio, en definitiva, es la comodidad vital, que no la felicidad.

Por otro lado, si decides abandonar la relación, el precio a pagar será la incertidumbre, tener que acostumbrarte a tu nueva situación, tal vez buscarte otro sitio donde vivir, sentirte solo, pasar el duelo, preguntarte mil veces si has tomado la decisión correcta o no… ¿El beneficio? Una nueva oportunidad de encontrar tu propia felicidad.

Sea como sea vas a tener que pasar cierto grado de dolor, pero a pesar de que estamos programados para evitar el sufrimiento, a veces nos empeñamos en mantenernos en aquel tipo de dolor indefinido. ¿Por qué? Pues como hemos dejado entrever anteriormente, por los beneficios que obtenemos del inmovilismo. De esto se desprende la no disposición a pagar los precios que requiere salir de dicha parálisis vital.

Siendo así, ¿por qué quedarnos con el sufrimiento de las decisiones que no tomo, camaleónico e indefinido? Puestos a sufrir, ¿no será mejor elegir ese otro tipo de dolor finito, controlable y definido? Porque a la larga y pagados aquellos precios siempre aparece el oasis.

Y porque como dijo el psiquiatra austriaco Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido (escrito en gran parte durante su paso por varios campos de concentración nazis): Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.

Siempre hay elección, y puestos a sufrir… Elije el sufrimiento con sentido.

Alfonso García-Donas

Psicólogo y Coach profesional

IE-3 Sueños y Liderazgo: KAIZEN

Aquí os dejamos el video de nuestro grupo de IE-3 de Enero a Marzo de 2017 en Granada. Los KAIZEN, con su lema: pequeñas acciones-grandes cambios. Siempre os llevaremos en nuestro corazón. Gracias por haber venido a EMOCIONA a soñar, a disfrutar, a vivir y a amar.

Bolsa de Coachees

  1. ¿En qué consiste la Bolsa de Coachees?

La Bolsa de Coachees se crea cada año para que nuestros alumnos de la formación en Coaching tengan personas con las que hacer sus prácticas. Si te apuntas a la Bolsa de Coachees recibirás entre 5-7 sesiones de Coaching a lo largo de un mes y medio o dos meses. Cada sesión tiene una duración aproximada de 60-90 minutos. Os pondréis de acuerdo, tanto el coach asignado como tu, en la fecha que mejor os convenga para realizar las sesiones. En cada sesión, el coach de prácticas trabajará contigo en el planteamiento de objetivos que quieras conseguir y te irá aplicando una serie de herramientas y técnicas para realizar el proceso de acompañamiento y que consigas tu objetivo. Ten en cuenta que no es necesario que sepas claramente qué objetivo o qué aspecto de tu vida quieres trabajar. El propio coach de prácticas te apoyará para que indagues en ti y busques sobre qué trabajar. Ejemplos de objetivos: dejar de fumar, perder peso, comunicación asertiva, aumentar seguridad, superar un proceso de duelo o ruptura de pareja, conocerte, disfrutar de tus relaciones, mejorar la situación en pareja, gestionar el tiempo, gestionar tareas, gestionar grupos, liderazgo, trabajo en equipo, etc. Como ves hay una gran variedad de objetivos, tanto profesionales como emocionales.

  1. Objetivo

Ofrecer a un estudiante del Experto Certificado en Coaching Profesional y de la Maestría en Coaching de EMOCIONA la posibilidad de poner en práctica las herramientas aprendidas durante su formación.

  1. ¿Qué coste tiene?

No tiene ningún coste económico sólo hemos decidido poner un precio simbólico de 2€ por sesión que podréis utilizar para pagar el café.

  1. ¿Qué necesitamos de ti?

Tu compromiso con las sesiones y con las tareas a realizar. Si decides participar en la bolsa de coachees es muy importante que tengas en cuenta que hay una persona que se va a enfocar por completo en una situación que quieras trabajar y te dedicará su tiempo, su energía y su esfuerzo; por lo que es muy importante que haya un compromiso por tu parte de asistencia a las sesiones y llevar a cabo las tareas que salgan de cada sesión.

  1. ¿Cómo puedo apuntarme a la bolsa?

Envía un e-mail a adrianemociona@gmail.com con tu Nombre, Apellidos, edad, nivel de estudios, situación laboral, correo electrónico, teléfono, ciudad (Granada, Almería o Melilla) y objetivo o situación que quieras trabajar.

Se te asignará un coach de prácticas y el mismo coach te llamará para comenzar las sesiones. Desde EMOCIONA realizaremos llamadas de comprobación a los participantes para ver cómo han ido las prácticas y para que nos deis vuestra opinión sobre el proceso. Tendremos en cuenta vuestra opinión en la puntuación final del estudiante.

Muchas gracias por tu atención.

El Equipo de EMOCIONA COACHING & TRAINING SL.